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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 816

Esmeralda entró y se cambió los zapatos en la entrada.

Caminó hacia la sala principal.

Por todo el lugar había juguetes y pequeñas muñecas regadas que desentonaban de forma evidente con la sobria y majestuosa decoración de la casa.

La empleada doméstica no hizo ademán de invitarla a tomar asiento.

—La señora está descansando. Tendrá que esperar aquí.

Esmeralda caminó directamente hacia el sofá y se sentó.

—No hay problema, puedo esperar.

Al ver su atrevimiento, la expresión de la empleada cambió de golpe.

—¿Acaso no le enseñaron modales? ¿Quién le dio permiso para sentarse?

Esmeralda levantó la mirada hacia ella.

—Entonces ve ahora mismo y dile a la señora Montes que me senté en su sofá.

—Usted...

La empleada le hizo una seña con la mirada a su compañera. Ambas se acercaron dispuestas a jalar a Esmeralda del brazo y levantarla a la fuerza para que no se sentara.

Sin pensarlo, Esmeralda tomó la costosa taza de té que reposaba en la mesa y la estrelló contra el suelo.

¡Crash!

El agudo sonido de la porcelana haciéndose añicos resonó en la sala.

Las empleadas pegaron un salto, horrorizadas. Era una pieza de muchísimo valor.

—¡Atrévanse a ponerme un dedo encima!

Las mujeres se quedaron paralizadas en su lugar.

Mientras dudaban sobre qué hacer, vieron a Marisa Guzmán acercarse desde el pasillo con el rostro ensombrecido por la furia.

Las criadas bajaron la cabeza de inmediato, saludando con respeto.

—Señora.

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