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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 819

Con sus ojos oscuros llenos de frialdad, David Montes inquirió:

—¿Quién te dijo que me quiero divorciar, mamá?

Marisa Guzmán se quedó pasmada un segundo. Miró a su hijo y preguntó con profunda seriedad:

—David, ¿de verdad piensas seguir con ella en estas condiciones?

David ignoró la pregunta, manteniendo su postura firme y un tono de voz extremadamente severo.

—Mamá, responde primero a lo que te pregunté.

Marisa dejó escapar un suspiro pesado.

—Eres mi hijo, ¿acaso no te conozco?

Si le revelaba que ella tenía ese acuerdo de divorcio, sabía muy bien que David investigaría hasta dar con el culpable, y Cecilia Torres pagaría los platos rotos.

Así que, al final, no le dijo nada.

David miró a su madre. Su rostro apuesto lucía sombrío y su mirada insondable; era imposible saber si le creía o no.

Marisa apartó la vista, incapaz de sostener la mirada de su propio hijo, y soltó una queja.

—Tengo suerte de no haber terminado en el hospital de la rabia que me hizo pasar. ¿Cuándo me han tratado con tanta humillación? Esto no solo fue una bofetada para mí, es un insulto directo a ti y a la reputación de la familia Montes.

—Si ustedes no hubieran hecho nada, ella jamás habría venido a buscarte.

Al escuchar a su hijo defender a Esmeralda, el ya tenso corazón de Marisa se sintió inundado de una profunda desolación. Lo miró fijamente.

—David, ¿de verdad la defiendes a ella para culpar a tu propia madre? Tu padre y yo solo te tenemos a ti. Queremos lo mejor para ti. No queremos verte lastimado por culpa de Esmeralda. Hoy casi me tira algo en la cabeza y aun así no le puse una mano encima. Fui más que benévola.

Marisa habló con evidente agitación y luego volteó la cara con los ojos enrojecidos.

Al ver la situación, la empleada se acercó apresurada para intervenir.

—Señor, la señora tuvo tantos mareos y dolores en el pecho por el disgusto de hoy que tuvimos que llamar al médico para que la revisara y le diera medicina. Apenas se está estabilizando.

En ese instante, la puerta principal se abrió.

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