Entrar Via

La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 820

—Sé que tienes tu propio criterio —dijo Jorge Montes—. Siempre logras tomar las decisiones que más te benefician. Pero fíjate cómo estás ahora por culpa de Esmeralda de la Garza. Si te comparas con el de antes, ¿dónde quedó tu sentido común? Solo quiero evitar que tus emociones sigan siendo controladas por alguien más. Esmeralda no es para ti.

Al principio, él estuvo de acuerdo con la estrategia de su madre. La procedencia humilde de Esmeralda la hacía fácil de controlar. Además, David no tenía el más mínimo sentimiento hacia ella; podía terminar la relación cuando quisiera y, con el tiempo, actuar como si ella nunca hubiera existido.

Era cierto que había tenido suerte, pues después de la boda la salud del padre de David había mejorado notablemente.

Sin embargo, la situación actual había superado cualquier pronóstico.

David miró fijamente a su padre.

—Entonces, papá, ¿qué pasaría con Isa?

Jorge ensombreció su mirada. Sabía muy bien la adoración que Isa sentía por Esmeralda.

Preguntó con extrema seriedad:

—Entonces, David, ¿de verdad nunca has pensado en divorciarte?

David desvió su vista hacia la ventana. Su apuesto rostro permaneció sereno, pero tras un breve silencio, confesó:

—He pensado en dejarla libre, pero siento que me arrepentiría, y sobre todo, no quiero ver a Isa sufrir.

—Ella realmente ha logrado volverte indeciso.

David se puso de pie, bajó la vista hacia su padre y sentenció:

—Papá, ya no se metan en esto. Esmeralda no volverá a cruzarse en el camino de ustedes. Espero que no vuelvan a hacer nada a mis espaldas.

David abandonó el lugar.

Al subir a su auto, hizo una llamada a Lomas del Valle.

—¿Ya despertó?

—Aún no, pero el señor Loyola está esperando afuera —respondió la empleada.

—Pues que se quede esperando ahí afuera, no dejes que pase —ordenó David.

Ante el tono inquebrantable del hombre, la empleada asintió de inmediato.

—Entendido.

—Qué arrogante eres. ¿De verdad te importa si ella quiere divorciarse de mí o solo disfrutas de ver cómo ustedes no dejan de manipular su cabeza?

El rostro apuesto de Gabriel no mostró ni la más mínima alteración.

—Esme perdió a su madre siendo muy niña. Probablemente no quiere que Isa pase por lo mismo. Por eso duda y sufre, intentando aguantar tu matrimonio por el bienestar de su hija. Pero desde el inicio, esta unión solo ha sido una tortura para ella. Lo único que ha recibido de ti y de tu familia es opresión y humillaciones. Obligarse a aceptarlo terminará destruyéndola.

—David, ¿te atreverías a dejarla ir y competir de manera justa, para ver si Esme elige voluntariamente construir una vida a tu lado? Si ella vuelve a escogerte, te juro que no volveré a preocuparme por su futuro.

David lo perforó con la mirada, sus ojos se asemejaban a un estanque helado y oscuro en pleno invierno. No emitió ninguna respuesta.

Gabriel solo sonrió con frialdad, abrió la puerta de su auto y se subió.

David se quedó inmovilizado en su sitio.

Ese día, el viento soplaba con una fuerza inusual.

El sonido ruidoso de las ráfagas retumbaba en sus oídos.

Pasó un largo rato.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea