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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 822

Una vez que Isa se quedó dormida, David Montes la llevó a la habitación principal.

Después, bajó a la sala. Esmeralda de la Garza estaba sentada en el sofá, con la mirada fija en la televisión, aunque era imposible saber si realmente le prestaba atención a la pantalla.

David caminó hacia ella y se sentó a su lado, rodeándola con un brazo de manera protectora y tomando su mano entre las suyas.

Ambos se quedaron en silencio; ninguno pronunció una sola palabra.

Hasta que terminó el episodio de la telenovela que estaban transmitiendo.

David miró a la mujer entre sus brazos. Ella no hacía un solo movimiento y sus ojos parecían perdidos en el vacío.

Apretó un poco más su agarre, inclinó el rostro para verla y preguntó en voz baja:

—¿En qué piensas?

Pasó un largo instante.

Por fin, Esmeralda rompió el silencio con un hilo de voz.

—David.

—¿Mhm?

—¿Dónde está Ofelia?

Desde que había regresado, no la había visto por ningún lado.

—Ya la mandé de vuelta a Australia —contestó David.

Esmeralda no hizo el intento de seguir preguntando.

El silencio volvió a adueñarse de la sala.

No supo cuánto tiempo pasó antes de que Esmeralda hablara lentamente.

—Ya puse mi huella en el acuerdo de divorcio —dijo en un tono monótono, vacío de cualquier emoción, como si fuera el reflejo de una laguna seca y desolada.

David apretó la mano de Esmeralda con brusquedad.

—¿Por qué una huella y no una firma?

—Da exactamente lo mismo. No me interesa ni un centavo de tu indemnización.

Afuera, el viento aullaba ferozmente.

Dentro, en el silencio sepulcral de la sala iluminada, el hombre inclinó la cabeza. La luz proyectó una tenue sombra que delineaba a la perfección sus apuestos rasgos. Su semblante se mantenía imperturbable, pero sus ojos oscuros eran tan profundos y turbios como un abismo sin fondo.

Capítulo 822 1

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