Por el tono de voz, Esmeralda supo que estaba hablando con Clara.
Cuando colgó, Esmeralda lo miró sin decir nada.
David se levantó, la miró y dijo:
—Voy a pedir que traigan el coche para llevarlas de regreso.
Esmeralda rechazó la oferta con frialdad:
—No hace falta, puedo decirle a mi chofer que venga por nosotras.
David observó la indiferencia y el distanciamiento de la mujer. Al final no dijo nada y salió de la sala de descanso.
Esmeralda se quedó paralizada en su lugar por unos segundos.
—Esme, siéntate un rato.
Esmeralda volvió en sí, asintió y sacó su celular para llamar a Matías.
El reporte médico estaba sobre la mesita de centro.
Valentina lo tomó y lo leyó. El doctor les dio algunas indicaciones detalladas y luego se retiró.
Veinte minutos después, Matías llegó al hospital en el coche.
Esmeralda no regresó a la villa.
Desde Nochebuena había quedado con Paula para ir a tomarse una sesión de fotos de embarazo. Como la fecha del parto estaba cada vez más cerca, quería tener un recuerdo.
Alrededor de las dos de la tarde.
El estudio fotográfico reservado estaba en un centro comercial exclusivo.
Paula la estaba esperando en la entrada del centro comercial.
Al ver a Esmeralda, Paula se acercó, la tomó del brazo y dijo:
—¡Vámonos!
La sesión duró casi dos horas. Escogieron las fotos ese mismo día; Esmeralda no necesitaba marcos ni nada por el estilo, así que las fotos retocadas le llegarían en unos tres días.
Al salir del estudio, Esmeralda preguntó:
—¿Qué se les antoja cenar? Yo invito.
Paula rio:
—No es lo que se nos antoje a nosotras, es lo que tú puedas comer ahorita.
—Mientras no sea nada muy condimentado, lo que sea está bien —dijo Esmeralda.
Estaban a punto de irse cuando vieron que la gerente caminaba apresuradamente hacia la entrada para recibir a alguien:
—Señor Montes, señora Santana, bienvenidos. Las joyas que ordenaron ya llegaron, por aquí, por favor.
Al oír esto, las tres levantaron la vista.
Vieron entrar a cuatro personas.
David y Enzo, y delante de ellos Clara, que iba agarrada del brazo cariñosamente de una mujer vestida con gran elegancia. La señora era alta, llevaba un abrigo azul rey y tenía un aire de distinción; en su pulgar lucía un anillo con un zafiro enorme que acentuaba su nobleza.
Especialmente su rostro, maduro y hermoso, bien conservado, que aparentaba apenas unos treinta y tantos años.
Clara se parecía a ella en un treinta o cuarenta por ciento, pero aunque Clara era joven y bella, comparada con la señora a su lado, su madre la superaba tanto en temperamento como en presencia.
Al ver claramente el rostro de la señora, Esmeralda se quedó pasmada.
La mirada de la mujer se posó en ellas, y Esmeralda sintió que el corazón se le oprimía de una manera indescriptible.
—Pauli, cuánto tiempo sin vernos, ¿cómo has estado?
Esmeralda volvió en sí.
Paula miró a Inés con una sonrisa en los labios, pero sus ojos mostraban total frialdad:
—Muchas gracias por preguntar, señora Santana, he estado muy bien.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...