Enzo, que estaba a punto de dar un paso, se detuvo por un segundo, asintió y respondió: —Están muy bonitas.
Paula lo miró con expresión indiferente, apretó los labios y le reclamó: —Las arreglé yo misma y me contestas con esa falta de entusiasmo.
Enzo bajó la vista hacia el ramo de flores en sus manos, y luego vio la expresión decepcionada de Paula, como si no entendiera en qué se había equivocado: —¿Pero acaso no acabo de decir que son bonitas?
Paula se quedó mirándolo fijamente, y solo le dieron ganas de rodar los ojos.
—Olvídalo, supongo que con que sean bonitas es suficiente.
Dicho esto, se dio la vuelta y empezó a caminar en la dirección opuesta, dirigiéndose directamente hacia el Rolls-Royce estacionado a un costado del camino; por supuesto, ella sabía muy bien que ese era el auto que había ido a recoger a Enzo.
Paula se detuvo de repente, volteó para mirar a Enzo, que seguía sin moverse, y le preguntó: —¿No vienes?
Enzo apartó la mirada y empezó a caminar hacia ella.
Sin vacilar en lo absoluto, Paula lo siguió y se subió al auto.
—Creí que irías directo a Nueva Concordia para ver a Esme.
Enzo respondió: —Iré a verla en un par de días.
—¿Qué opina David ahora que sabe de su divorcio con Esme? —preguntó Paula.
—Aún no lo sabe —contestó Enzo.
Paula se quedó pasmada. Justo cuando iba a preguntar algo más, su celular vibró. Lo sacó de su bolso, le echó un vistazo y contestó: —Hola, Esme.
—Pauli, ¿cuándo vas a venir? Para prepararlo todo con tiempo.
Paula respondió: —Bueno, ¡eso dependerá de tu hermano!
Al escucharla, los nervios de Enzo se tensaron.
Paula, por el rabillo del ojo, captó su reacción.
Esmeralda hizo una pausa, y luego preguntó: —¿Están juntos ahora mismo?
—Sí, acaba de regresar hoy a San Pedro y estamos camino a casa. Pedí permiso en el trabajo para ir a recogerlo al aeropuerto; incluso vi videos en internet con anticipación para aprender a hacer arreglos florales.
Al escuchar la queja tan descarada de Paula, Esmeralda no pudo evitar curvar las comisuras de los labios y dijo: —Seguro que, en el fondo, está muy feliz.
—¿Tú crees? —Paula dirigió la mirada hacia Enzo—. Tu hermana pregunta que si te sientes muy feliz en el fondo.
Enzo no volteó a mirarla. Simplemente mantuvo su vista fija por la ventanilla, sin decir ni una sola palabra, mientras apretaba fuertemente las manos.
La empleada ya tenía lista la cena, y Esmeralda le preguntó por mensaje si iría a comer.
—Sí, llegaré en media hora, no tienes que esperarme; empieza a comer tú y déjame algo.
—Prefiero esperarte; además, ahora mismo no tengo mucha hambre.
—De acuerdo.
Esmeralda le pidió a la empleada que mantuviera la comida caliente. Luego se sentó en el sofá y se puso a jugar con los dos gatitos. Afuera la lluvia caía torrencialmente, acompañada por el estruendo de los truenos.
Una ráfaga de viento abrió la ventana de golpe. Un aire helado se filtró, por lo que ella se levantó rápidamente para cerrarla.
En ese momento.
Sonó el timbre.
Esmeralda se giró, fue a abrir la puerta y exclamó al abrir: —Ya volv...
Antes de que pudiera terminar su oración, sintió una oleada de frío que calaba hasta los huesos.
Se quedó helada, paralizada en el sitio, mirando fijamente al hombre que había aparecido de la nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...