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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 236

Perspectiva de Ella

—Recuerda —dijo Lilith mientras se colocaba a mi lado frente al espejo cubierto de polvo—, siempre debes dirigirte a él como “Alfa” y hacer una reverencia cada vez que entres o salgas de una habitación donde él esté. Ah, y no lo mires fijamente a los ojos durante demasiado tiempo.

Fruncí los labios mientras me giraba frente al espejo para observar el discreto vestido azul que Lilith me había prestado. Me quedaba perfectamente en este nuevo cuerpo, aunque todavía me resultaba extraño verme dos pulgadas más alta y un poco más delgada que antes.

Aunque mi nuevo cabello y mis nuevos ojos llamaban mucho la atención, evitaba mirarlos demasiado. Cada vez que lo hacía, solo me recordaban la situación en la que me encontraba ahora.

"Antes era la dueña de esta casa" pensé con amargura. Incluso cuando Alexander y Gabriel me trataban como si no valiera nada, el personal siempre me mostraba respeto. Era la Luna de Ashclaw, les gustara o no.

Pero ahora era una niñera.

No. Ni siquiera eso todavía. Solo era una renegada solicitando un puesto de niñera. Una cara más entre muchas otras.

Lo peor era que ni siquiera terminaba de reconocer mi propio rostro. ¿Cómo podía estar segura de que Alexander me elegiría a mí y no a cualquiera de las otras candidatas?

Respiré hondo y me volví hacia Lilith.

—Nunca imaginé que hubiera tantas reglas para ser una sirvienta —comenté con una pequeña sonrisa irónica.

El rostro de Lilith se suavizó.

—Yo estuve en la misma posición que tú cuando renací hace tantos años. Pasé de ser una líder de manada respetada a convertirme en la persona más insignificante de todas. Pero con el tiempo te acostumbras, y no todo es malo —sonrió con nostalgia—. Además, tiene sus ventajas pasar desapercibida. Hay mucha menos presión.

—Espero que tengas razón —murmuré.

La verdad era que ya no me importaban los vestidos elegantes, las fiestas ni los títulos. Lo único que quería ahora era estar cerca de mi hijo y poder protegerlo si algún día me necesitaba.

Cuando estuve lista, salí con cuidado del sótano y rodeé la casa hasta la entrada principal. Para mi sorpresa, el camino estaba lleno de coches aparcados, aunque esta vez no era por un funeral.

Al entrar en la casa, descubrí que el salón estaba repleto de mujeres. Todas eran jóvenes, hermosas y vestían con una elegancia impecable.

"Esto parece más una selección para convertirse en la próxima Luna que una entrevista para una niñera" pensé.

Aunque, sinceramente, no podía culparlas. Alexander era joven, poderoso y atractivo. Cualquier mujer con un poco de ambición aprovecharía la oportunidad para intentar llamar su atención.

Intenté ignorar los celos que empezaban a crecer dentro de mí al imaginar que cualquiera de ellas podía ocupar mi lugar en un abrir y cerrar de ojos.

Por un instante me pregunté si Alexander realmente estaría sufriendo por mi muerte. La última vez que habíamos hablado, había dejado claro que ya no confiaba en mí. Seguía creyendo que era una espía y había llegado al punto de encerrarme en mi propia casa.

Además, seguían atormentándome las palabras de Sophia. Ella afirmaba que Alexander era un hombre cruel, que tenía malas intenciones conmigo y con mi hijo, e incluso que había provocado el incendio de mi casa de la infancia.

No confiaba en Sophia ni un poco, pero tampoco podía ignorar por completo sus acusaciones. Hasta no tener pruebas, tenía que aceptar la posibilidad de que alguna de esas mujeres pudiera reemplazarme.

Pero ahora no era momento de pensar en eso. Primero tenía que conseguir el trabajo. Todo lo demás podía esperar.

Mantuve la cabeza baja mientras avanzaba entre la multitud, esperando pasar desapercibida durante la entrevista. Nadie parecía prestarme atención y, si alguien lo hacía, solo era por unos segundos; probablemente me confundían con una sirvienta más y no con una candidata.

Entonces una voz conocida atravesó la sala y me hizo detenerme.

—Oh, Alex y yo somos amigos desde hace muchos años —decía Sophia con naturalidad—. Nos conocemos desde pequeños y ya quiero a su hijo como si fuera mío. Aun así, insistí en participar en el proceso de selección como cualquier otra persona porque quería que fuera justo. Le dije que no debía favorecerme.

Varias mujeres respondieron con admiración a sus palabras.

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