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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 200

La celebración en la oficina de Creativos V.R. había dejado un rastro de confeti y una atmósfera de optimismo que duró todo el fin de semana. Sin embargo, el lunes por la mañana, Valentina convocó de nuevo a su consejo de guerra. La euforia de la victoria era un combustible poderoso, pero Valentina, una estratega por naturaleza, sabía que no podían permitirse ser complacientes. La victoria, como había aprendido de la manera más dura, era a menudo el preludio de una batalla aún más feroz.

Se reunieron en la sala de juntas, la misma que había servido como centro de planificación para el asalto al Banco Nacional Andino. El ambiente era diferente ahora. La desesperación había sido reemplazada por una confianza tranquila, pero la sensación de urgencia seguía presente.

—Hemos ganado una batalla decisiva —comenzó Valentina, su voz era serena pero con un tono de seriedad que captó la atención de todos—. Hemos celebrado. Y ahora, tenemos que prepararnos para el contraataque.

Miró a cada uno de sus aliados: Mateo, con su calma analítica; Sofía, con su mente legal y afilada; y Carlos, con su pragmatismo inquebrantable.

—No nos engañemos. No hemos derrotado a Alejandro. Lo hemos humillado, que es mucho peor. Y, lo que es más importante, hemos provocado al verdadero poder detrás del trono: Don Ricardo Vega.

Sofía asintió, abriendo una carpeta frente a ella.

—Estoy de acuerdo. Alejandro es predecible en su rabia. Don Ricardo es impredecible en su frialdad. No responderá con rumores ni con sabotajes mezquinos. Su contraataque será sistémico, legal y probablemente muy, muy sucio.

—Ya ha comenzado —intervino Mateo, su expresión era sombría—. Mi abuela recibió una llamada "amistosa" esta mañana de un viejo contacto en el gobierno. Le "sugirieron" que una investigación antimonopolio sobre algunas de nuestras adquisiciones tecnológicas podría ser reabierta. No hay base para ello, por supuesto. Es un disparo de advertencia. Un mensaje de Don Ricardo para que nos retiremos.

—Y mientras ustedes luchan en las alturas, nosotros lucharemos en las trincheras —dijo Carlos, su voz era un gruñido de determinación—. El éxodo de talento de Grupo Vega está a punto de comenzar. Conozco a cada creativo, a cada productor que vale la pena allí. Y todos están listos para saltar del barco que se hunde. Les quitaremos su activo más valioso: su gente.

El nuevo plan era una estrategia de guerra en múltiples frentes. Sofía se encargaría de la batalla legal, convirtiendo su defensa en una ofensiva. Mateo usaría su influencia y sus recursos para proteger su flanco y buscar las debilidades en la red de Don Ricardo. Y Valentina, con Carlos a su lado, se centraría en el corazón de la industria: el talento y los clientes.

—Nuestro objetivo ya no es solo sobrevivir o crecer —dijo Valentina, resumiendo la nueva misión—. Nuestro objetivo es convertirnos en la alternativa innegable. Tan innovadores, tan exitosos y tan éticos que los clientes que aún se quedan con Vega por miedo o por inercia se verán obligados a elegir entre el pasado y el futuro.

Sabían que Don Ricardo contraatacaría con toda la furia de un imperio herido. La batalla que se avecinaba sería más larga, más sucia y más peligrosa que cualquier cosa que hubieran enfrentado hasta ahora. Pero al mirar los rostros decididos de sus aliados, Valentina ya no sentía miedo. Sentía la emoción de la caza. Estaban listos para la siguiente batalla.

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