¡Este tipo ya ni vergüenza tiene!
Melisa apretó con fuerza el celular, tecleó rápidamente la palabra “quiero”, pero antes de enviarla, la razón la alcanzó y borró lo escrito. Al final, escribió: [No quiero.]
Fabricio: [¿De verdad no quieres?]
Fabricio: [Foto, foto, foto.]
Fabricio: [¿Y ahora?]
Apenas terminó de leer, el celular de Melisa vibró varias veces: Fabricio le había mandado un montón de selfies… y sí, sin ropa.
—¡Ay, no!— exclamó Melisa, y aventó el celular boca abajo sobre el asiento, como si quisiera que se lo tragara la tierra.
Ese desgraciado, ¿no tiene nada mejor que hacer que estar provocándola?
Si seguía así, en serio iba a perder el control.
—Ejem, señorita Melisa, ya llegamos al aeropuerto.
Simón, quien había estado observando a Melisa por el retrovisor, no había podido evitar fijarse en ella. A pesar de que Melisa iba absorta en su celular, tenía un aire tan dominante, tan seguro de sí, que a Simón —un hombre mucho mayor que ella— hasta le daba miedo moverse.
No se atrevía ni a respirar fuerte. De plano, ni intentarlo.
Pero, ¿por qué la cara de Melisa estaba tan roja?
Qué raro, si traía el aire puesto y ni hacía calor.
Melisa levantó la mirada, le lanzó una ojeada a Simón, se colgó la mochila y bajó del carro.
—Gracias.
Y sin voltear atrás, le dejó a Simón la imagen de una chica orgullosa, con un aire frío y solitario, marchándose firme y decidida.
Simón no pudo respirar tranquilo hasta que Melisa desapareció de su vista. Sintió la espalda empapada de sudor.
Esa muchacha, ¡sí que era única!
Aunque se veía joven, cada movimiento suyo transmitía una autoridad que no se veía todos los días.
Y aunque el rubor le daba un aire muy tierno, la energía que emanaba hacía que cualquiera quisiera seguirle la corriente sin chistar.
Sin embargo, Simón aún no lograba descifrar qué buscaba Melisa acercándose a la familia Ávila.
Por lo poco que habían hablado ese día, le daba la impresión de que Melisa intentaba averiguar algo sobre la hermana menor de ellos.
¿Será que Melisa tenía algo que ver con la pequeña?
Ahora que lo pensaba… Melisa también vivía en Real Fortia.
¡Real Fortia! Tendría que ponerle atención a esa ciudad.
Simón entrecerró los ojos, mirando con atención la dirección por donde se había ido Melisa, y después arrancó el carro.
...

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