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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 138

Paulina se quedó pensativa.

¿Le estaba dando una indirecta?

La vez anterior, él se le declaró, pero ella no lo asimiló bien y decidió seguir ciegamente los pasos de Wilfredo, rechazándolo.

Ahora, él se vengaba, demorando su confesión de amor.

¿Acaso era porque los trámites de divorcio con Clara aún no estaban terminados?

O... ¿él ya se había declarado y ahora era su turno?

Su corazón latía a mil por hora, y no reaccionó hasta que el mesero terminó de servir la comida.

Al ver que todos los platos en la mesa eran sus favoritos, Paulina confirmó lo que sospechaba.

La confusión y el dolor del último medio mes se disiparon de golpe, y de repente todo se volvió claro para ella.

—Vicente, ayer fui a visitar a la anciana Velasco, y la noté más decaída que las últimas veces...

La señora Elvia le había dicho que la abuela dormía y no la dejó pasar a verla, así que se quedó un rato conversando con la señora Gabriela antes de irse.

Paulina preguntó con cautela:

—Lo de tu divorcio con Clara, no se lo has contado, ¿verdad?

Vicente negó con la cabeza.

Paulina lo tuvo claro.

—Vicente, por la salud de la abuela, mantén el secreto el mayor tiempo posible. ¡Yo te ayudaré!

A Vicente le pareció que cada vez que se veían, ella actuaba de forma más extraña.

Sin ganas de darle vueltas al asunto, respondió:

—Te lo agradezco en nombre de la abuela. Y... como últimamente no pasa nada urgente, mejor no me busques por ahora. Sé que estás ocupada con el proyecto de Bahía Azul, deberías dedicarle más tiempo a eso.

Faltaba poco para que terminara el periodo de reflexión; cuanto más se acercaba el día de firmar, más delicado se volvía todo.

¡Él lo hacía todo por ella!

Paulina asintió.

—¡Lo entiendo! Vicente, entonces, cuando llegue el momento...

Iba a decir «cuando ya tengas tu acta de divorcio», pero temió que las paredes oyeran, así que se corrigió:

—Cuando llegue el momento, ¡yo te invito a cenar!

Para entonces, él estaría soltero, y ella también.

Como dice el refrán, si un hombre persigue a una mujer es como escalar una montaña, pero si una mujer persigue a un hombre, es solo cruzar una cortina de seda.

Si era por él, ¿qué importaba si ella daba el primer paso?

Antes, cualquier minuto extra junto a él era un tesoro, pero esta vez, apenas Vicente soltó la servilleta, Paulina anunció que se marchaba.

Ya en su auto, escuchaba los latidos de su propio corazón retumbar como tambores de guerra.

Capítulo 138 1

Capítulo 138 2

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