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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 139

Paulina era la hija mayor de los Quezada, pero los recursos de la familia siempre se habían centrado en su hermano, Bastián Quezada.

Ni siquiera su padre pagaría una fortuna por comprar la Mansión de la Colina así como así.

Sí, tenía aire puro, vistas preciosas y daba muchísimo estatus.

Pero eso no valía una cifra astronómica.

Sin embargo, para Paulina, el valor de la Mansión de la Colina iba mucho más allá.

Ese lugar era el símbolo indiscutible de la señora Velasco.

Al ver que Paulina se quedaba callada, Clara sintió curiosidad.

—¿Por qué no vas a pedírsela a Vicente?

Con un chasquido de dedos de aquel hombre, no solo le habría dado esa casa, sino que hasta podría aplanar la montaña entera y construirle un palacio junto al lago si ella lo pidiera.

¿Qué necesidad tenía de rebajarse a negociar con ella?

Clara no lo entendía.

Paulina frunció el ceño.

—Si lo busco o no es asunto mío. ¿No dijiste tú misma que la casa es tuya y que tratara los asuntos contigo? Ve al grano, dame un precio y llamaré a un agente para que haga el papeleo.

—¡Mil millones!

Tal como esperaba.

Paulina, con paciencia, comenzó a regatear.

—No tengo que recordarte lo mal que está el mercado inmobiliario hoy en día, ¿o sí?

Clara se encogió de hombros.

—¡Lo sé! Y por eso no tenía la menor intención de vender. ¿No eres tú la que insiste en comprarla?

Paulina: ...

Ni hablar de mil millones; ni siquiera tenía una décima parte de eso en efectivo.

Pero ese lugar sería su futuro nido de amor con Vicente, y quería darle una sorpresa.

Calculó mentalmente el dinero en su cuenta y lo que podría conseguir pidiendo prestado a sus amistades.

Aún le faltaba más de la mitad.

Se preguntó cuánto podría conseguir si hipotecaba su lujoso penthouse amueblado.

Al pensar en hipotecas, recordó de inmediato otra propiedad a su nombre.

Esa casa era invaluable; sería difícil venderla rápido a buen precio, pero si la hipotecaba, seguro conseguiría la suma que necesitaba.

—Ochocientos millones. Hoy mismo le diré al agente que se reúna contigo.

—Mil doscientos millones.

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