—Acabo de ver que firmaste. ¿Ya decidiste comprarla? —preguntó Clara.
Camilo no se apresuró a asentir y le devolvió la pregunta.
—¿Te gusta?
—Me encanta. —Clara sonrió mirando hacia la lejana cascada—. ¿Viste los manzanos de allá? Ya me imagino a mamá y papá tomados de la mano yendo a ver las manzanas todos los días al amanecer y al atardecer.
La sonrisa en los ojos de Camilo se profundizó.
—Decidí comprarla porque vi que a nuestros padres les gustó.
—Camilo... —Clara titubeó por un momento—, ¿me dejarías pagar esta casa a mí? ¿Por favor?
Camilo se quedó sorprendido.
Clara sonrió suavemente.
—Durante todos estos años, tú y Selena han estado al lado de nuestros padres, cuidándolos. Yo no he hecho nada por ellos. Déjame pagar la casa como una forma de mostrarles mi agradecimiento. ¿Te parece bien?
—¡No! —Camilo se negó rotundamente—. Si dices eso, es porque no te consideras parte de la familia Soler. Y te aseguro que nuestros padres tampoco lo aceptarían.
—¡Entonces paguemos mitad y mitad, ni un centavo menos! —insistió Clara.
Antes de que Camilo pudiera responder, Selena bajó la cabeza, haciéndose la víctima.
—¿Y qué hay de mí?
Ni hablar de la mitad; ella ni siquiera podría juntar sesenta millones, que era casi el diez por ciento del valor.
El simple hecho de que Clara volviera a casa a vivir temporalmente ya tenía a sus padres sonriendo de oreja a oreja.
Si se enteraban de que había pagado la mitad de la casa nueva, ¿acaso no la mimarían aún más?
—Hermano, yo también quiero mostrarles mi cariño a mis papás, pero ya sabes que yo...
Además de sus cien mil mensuales de mesada, Selena solo contaba con su sueldo y los bonos de fin de año de la empresa.
Pero cuando se integró al trabajo, Clara ya había regresado a la familia. Esos supuestos bonos eran más un título que dinero real.
Sumado a que tenía muchos amigos y gastaba a manos llenas, en su cuenta bancaria no había ni diez millones.
¿De dónde iba a sacar el dinero?
Como Camilo de por sí no quería que Clara gastara un centavo, la interrupción lastimera de Selena le dio la excusa perfecta.
—Nuestros padres ya están felices con solo saber que tienes esa intención. —Camilo acarició la cabeza de Selena en un gesto de consuelo, dio un paso largo hacia Clara y dijo—: Esta casa es para que mamá y papá disfruten su retiro. Yo soy su hijo, la empresa es de ellos, así que, a fin de cuentas, estoy gastando su propio dinero. ¡Clara, no discutas más conmigo!


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