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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 166

Clara se quedó despierta toda la madrugada.

Cuando sonó la alarma por la mañana, se levantó bostezando sin parar.

Pero al recordar que estaba a punto de recibir mil millones, Clara se despertó de golpe.

Faltaban unos minutos para las 9 de la mañana cuando el Cullinan entró al estacionamiento del Registro Civil.

El teléfono de Clara empezó a sonar.

Estacionándose en reversa, Clara no tuvo tiempo de contestar.

Entonces, sonó una notificación de WhatsApp.

[Paulina: Clara, ¿te estás burlando de mí?]

Por Dios, señora, ¿puede tener un poco de paciencia?

Clara terminó de estacionar, se bajó del auto y le envió una foto de la entrada del Registro Civil que tenía justo enfrente.

Después de completar el trámite de traspaso de propiedad, el agente inmobiliario estaba tan emocionado y eufórico que no paraba de hacer reverencias.

—¡Le deseo a la señora Velasco mucho éxito y una familia feliz! ¡Y a la señorita Paulina muchas felicidades por su nueva casa, que la disfrute muchísimo!

Como había quedado de verse con Liana para revisar los detalles de la primera línea de vestidos, Clara soltó un rápido «Gracias por los buenos deseos» y salió corriendo.

Paulina dejó escapar un largo suspiro, sintiendo la inmensa alegría de haber completado la mitad del evento más importante de su vida.

El Ferrari se incorporó a la avenida principal, dirigiéndose directo a la Mansión de la Colina.

En la sastrería.

Liana hojeaba el grueso montón de bocetos frente a ella, tan asombrada que perdió por completo la compostura.

—Clara, ¿todo esto lo diseñaste tú? ¡Eres increíble!

¿No decían que la inspiración era efímera y difícil de atrapar?

Ella todavía estaba buscando un local y usando sus contactos para conseguir proveedores de telas, pensando que si lograban abrir la tienda antes de octubre y tener un solo diseño listo como la pieza insignia, ya sería un triunfo.

Jamás imaginó que Clara le entregaría tanto material de golpe.

El maestro Valerio, con sus gafas de lectura puestas, revisaba los bocetos mientras daba sus opiniones.

De pronto se encendieron las luces, y los tres levantaron la vista al mismo tiempo, dándose cuenta de que ya había anochecido.

Solo habían comido un par de pastelitos a mediodía, y a esas alturas, Liana, que normalmente nunca cenaba para cuidar la figura, ya se había olvidado de la dieta.

Tomó a Clara del brazo con gran entusiasmo.

—¿Qué vamos a cenar? ¡Yo invito!

—Liana, dejémoslo para otro día... Tengo que volver a casa para estar con los niños.

Eran pasadas las siete. Si se iba ahora, todavía alcanzaría a jugar un rato con sus dos pequeños y comer fruta con ellos.

Si se quedaba a cenar, Andrés seguramente ya se habría ido a Residencial Los Olivos.

Capítulo 166 1

Capítulo 166 2

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