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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 178

—Es mejor que no tener de qué hablar, ¿no crees? —respondió Wilfredo sin siquiera levantar la vista—. Cuando tú le hablas de los reportes financieros de la empresa, casi la haces desmayarse, ¿o acaso no te das cuenta?

Vicente se quedó sin palabras. Al levantar la vista y ver a Clara, su expresión se suavizó un poco. La abuela la miró con la alegría de quien acaba de ser rescatada de una charla aburrida.

—Mi niña...

Wilfredo se dio la vuelta. Clara sonrió y lo saludó cortésmente.

—¡Hola, Wilfredo!

Era evidente que, aunque él no vivía en la ciudad, estaba al tanto de los chismes de la alta sociedad. Wilfredo miró a Clara, luego a Vicente, y tragó las palabras que estaba a punto de decir.

—Clara, qué bueno verte... ¿Y dónde están esos dos diablillos?

—Andrés ya despertó, pero Silvia sigue dormida. En un rato los traigo para que saluden a su tío.

Wilfredo asintió.

—Le traje un huevo de dinosaurio a Andrés, al rato se lo doy. ¿A Silvia le siguen gustando las muñecas?

—Sí, le encantan. —La sonrisa de Clara se volvió más tierna—. ¡Gracias por acordarte de lo que les gusta!

—Solo tengo un sobrino y una sobrina, ¡obvio que me voy a acordar!

Dicho esto, Wilfredo se levantó y abrazó a la abuela.

—Abuela, iré a bañarme. ¡Vengo en un rato a desayunar contigo!

—Sí, mi niño, claro que sí —respondió la anciana con voz débil pero sin borrar la sonrisa de su rostro.

Wilfredo salió por la cortina y la habitación quedó en silencio. Clara apenas iba a preguntar qué se le antojaba de desayunar, cuando la abuela suspiró profundamente.

—Si hubiera sabido, habría dejado que Wilfredo fuera quien me cuidara en mi vejez.

Ante ese comentario, tanto Vicente como Clara levantaron la vista de inmediato.

En aquel entonces, cuando la anciana fue a pedir la mano de Clara, lo hizo con la intención más genuina de devolverle un favor a la familia Soler.

Sus palabras habían tomado por sorpresa a los padres de la chica: Tengo dos nietos que son los mejores hombres del mundo; con el que Clara prefiera, con ese se casa. ¿Qué dicen?.

En cuanto Wilfredo se enteró, compró un boleto de avión y se fue del país.

Así que la cita a ciegas fue con Vicente, y terminó casándose con él.

Pero viendo cómo Clara podía platicar y reír cómodamente con Wilfredo, mientras Vicente permanecía ahí parado como un poste, sin siquiera preguntarle cómo había dormido o si los niños habían llorado durante la noche...

Si tenía apetito, significaba que realmente había superado el peligro. Clara le guiñó un ojo a Vicente, como diciéndole: ¿Ves que lloraste por nada?. Vicente la miró con exasperación. Clara dio media vuelta para irse, y en ese momento entró el mayordomo a dar un anuncio.

—Señora, la señora Quezada y su hija Paulina están aquí. Dicen que vinieron a verla. ¿Qué hacemos...?

—Se la pasan metidas aquí, ¡ni que vinieran a dar el pésame antes de tiempo!

—¡Abuela! —dijo Vicente con el ceño fruncido.

La anciana lo interrumpió:

—Déjalas pasar.

Luego miró a Clara.

—Tú no te vas a ninguna parte, ¡ven aquí!

Cuando Paulina entró en la habitación, lo primero que vio fue a la anciana Velasco sonriendo de oreja a oreja.

La anciana sostenía las manos entrelazadas de Vicente y Clara, en una escena tan íntima que parecía estar dándoles su bendición final.

Paulina se quedó clavada en su sitio, completamente helada.

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