Odiaba a Clara por ser tan astuta, por engañar a Patricio con sus dulces palabras y prolongar las cosas hasta ese momento.
Y odiaba aún más a Patricio por ser tan estúpido y ponerla en una situación tan comprometedora.
Pero todo ese odio no se comparaba con el miedo que sentía.
Bastaba con que Patricio dijera una sola palabra equivocada para que ella cayera en el abismo.
Su mente trabajaba a toda velocidad, y cuando otra lágrima rodó por su mejilla, Selena ya había tomado una decisión.
—Yo... yo le llamaré de inmediato...
Recogiendo su teléfono del suelo, Selena buscó en sus contactos el número guardado como el demonio.
¡Bip!
¡Bip!
Con cada tono, el corazón de Selena se agitaba más.
Pero la llamada no conectaba.
Camilo la observaba fijamente, con la mandíbula tensa.
Entre Selena y Clara, él creía ciegamente en Clara.
En un momento tan crítico, la única persona a la que Patricio podría haber llamado era a Selena.
Pero ese teléfono no volvería a contestar desde el momento en que Patricio murió.
—Hermano... —Selena miró a Camilo con una expresión lastimera—. ¿Sabes dónde está? Llévame a verlo, si está dispuesto a dejar ir a mi hermana, ¡haré lo que sea necesario!
La mirada de Camilo se oscureció.
—¡Está muerto!
Las pupilas de Selena se contrajeron y sintió como si miles de espinas le perforaran la espalda.
¡En ese instante, Selena se dio cuenta de que él la estaba engañando!
Entonces, ¿Patricio estaba muerto?
¿Y qué había pasado con Clara?
—¿Dónde está mi hermana? —preguntó Selena, clavando sus ojos en Camilo.
Camilo esbozó una sonrisa.
—¿Tú qué crees?
Si Patricio hubiera matado a Clara y luego hubiera muerto a manos de Vicente o de Camilo, sería el desenlace perfecto para ella.
Pero si ese fuera el caso, ¿estarían Yolanda y Mauricio sentados allí tan tranquilos?
¿Tendría Camilo ganas de jugarle una trampa?

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