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LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO romance Capítulo 102

Capítulo 102: Que solo sea para gemir mi nombre.

Al ver que no se movía, lo empujó con un dedo.

—¿No oíste? Que vuelvas con tu pareja de baile. Seguro te está esperando para seguir frotándose contra ti. Ella sí parecía apreciar tus manos en su cintura.

Cassian siguió sin responder. Y se quedó allí, atrapándola entre su cuerpo y la puerta metálica del cuarto de limpieza.

—¿Celosa, Daisy? —preguntó al fin.

—¿Celosa? ¡Yo no tengo nada que...!

No la dejó terminar.

Acortó la distancia de un zarpazo y le selló la boca con un beso que le robó el sentido de la realidad. No fue una invitación, sino una invasión. Sus labios chocaron contra los de ella con una fuerza ruda, posesiva, cargada de toda la furia que había acumulado viendo cómo Alexander la exhibía como un trofeo en la pista. Sus manos le sujetaron la mandíbula con firmeza, obligándola a recibir la profundidad de un beso que sabía a desesperación y a reclamo.

Daisy soltó un quejido ahogado contra su boca. Y en segundos sus palmas pasaron de intentar apartarlo a aferrarse a las solapas de su saco, mientras el corazón le golpeaba las costillas como un animal enjaulado. Cuando Cassian se apartó apenas unos centímetros, el hilo de saliva que los unía brilló bajo la luz mortecina del cuarto.

Ambos jadeaban, con los pechos subiendo y bajando en un ritmo errático.

Daisy tenía las mejillas encendidas y los labios hinchados. Y sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de excitación y odio. Levantó la mano, dispuesta a mandarlo al diablo, a gritarle que no podía simplemente arrastrarla a un rincón y reclamarla después de haber bailado con otra, pero se detuvo al ver la expresión de él.

—Intenté ser el hombre bueno, Daisy —dijo soltando una risa amarga, rota—. El que te respeta, el que te espera, el que te da tiempo. El que te regala universidades y autos y sueños. Pero no funcionó, ¿verdad?

Él dio un paso atrás, solo para al segundo siguiente volver a invadir su espacio con más agresividad.

—Porque tú seguiste yendo a él. Porque tú elegiste sus besos en ese sofá mientras yo me rompía la mente pensando cómo recuperarte. Porque tú...

Cuando volvió a clavar sus ojos en los de ella y ahora el dolor se había transformado en brasa. La vulnerabilidad desapareció, siendo reemplazada por una frialdad letal que Daisy reconoció de inmediato: el Cassian que no aceptaba derrotas estaba de vuelta.

—Intenté ser el tipo de hombre que no soy. Y fracasé estrepitosamente —sentenció—. Así que ahora voy a ser yo mismo.

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