Capítulo 81: Por favor... llama a Daisy.
Mientras tanto, en el departamento…
Sofía se echó hacia atrás en la silla y se frotó las sienes como si intentara evitar que el cerebro le explotara.
—¡Fantástico! —soltó, soltando una risa ácida—. No solo te metes en una guerra de millonarios, sino que decides caer en el cliché más barato de la literatura: enamorarte del villano que te usa de carnada. Daisy, por favor, ¡teníamos un estándar!
Su amiga bajó la cabeza, dejando que los sollozos se mezclaran con el silencio. Sofía, al verla tan rota, suavizó la mirada y la envolvió en un abrazo apretado, dejando que Daisy escondiera el rostro en su hombro.
—Ya, ya... —susurró, acariciándole el cabello—. No te juzgo, de verdad. A ver, seamos realistas: Cassian Roth tiene un carácter del diablo, y ya quedó claro que es un manipulador y un egocéntrico, pero es tan guapo que duele mirarlo. Lo sé, es difícil que una mujer con pulso no caiga ante un espécimen así, aunque el espécimen sea Shrek versión GQ.
Sofía se apartó un poco y, con mucha delicadeza, le secó una lágrima con el pulgar. Sus ojos se volvieron serios e inquisitivos.
—Pero la pregunta del millón es... —hizo una pausa dramática—. ¿Él te corresponde? ¿Ese bloque de hielo siente algo por ti o sigue siendo un contrato andante?
Daisy se apartó, tomó el vaso de gaseosa y lo miró largo rato antes de responder.
—No... no lo sé.
—¿No lo sabes? —Sofía alzó las cejas hasta casi tocarse el flequillo.
—Es que... él nunca me ha dicho que me ama. Solo idealizaba a Isobel y su venganza era lo único que lo movía. Pero… su comportamiento…
Sofía negó con la cabeza, moviendo las manos en el aire como si estuviera organizando un archivo mental.
—A ver, déjame ver si entiendo —dijo, enumerando con los dedos—. Cassian te pagó la cirugía de tu madre para que investigaras a Alexander, porque él tuvo una aventura con Isobel, que era la esposa de su socio, y como ella murió, él lo culpaba de todo. ¿Es así?
Daisy asintió en silencio, sintiendo la absurda complejidad de su vida. Sofía soltó un suspiro largo que pareció desinflarla.
—Ok, es bastante más complicado y turbio de lo que pensé. Definitivamente esto no es un romance de oficina—tomó una rodaja de pizza y le dio un mordisco generoso antes de agregar—: ¿Y Alexander? ¿Qué pasa con el otro guapo de la ecuación?
Daisy bajó la mirada de inmediato y llevó el vaso a sus labios. Sofía entrecerró los ojos, detectando el cambio de frecuencia en el ambiente.
—Daisy... —advirtió.
—Él... él no es como Cassian cree —soltó Daisy en un susurro—. No es un mal hombre. Y definitivamente no es un mal padre. Si vieras cómo trata a Leo...
Los ojos de Sofía se abrieron de par en par.
—Espera... ¿está pasando lo que creo que está pasando? —preguntó Sofía con una sonrisa que empezaba a volverse malvada.
—¿Qué?
—Bueno, Alexander también es guapo. Un poquito mayor, pero es la moda ahora, también es maduro, poderoso... pero eso no tiene nada que ver, ¿verdad? —Sofía soltó una carcajada que llenó la sala—. ¡Daisy! Lo noté en tu cara. ¡Tus mejillas se pusieron rojas como tomates! ¡Estamos ante lo que mi escritora favorita llamaría: un triángulo amoroso!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO