Capítulo 83: Renuncio.
Daisy sintió un escalofrío recorrer su espalda. La imagen de Cassian arrodillado frente a ella la desarmó por un instante. Su corazón traicionero dio un vuelco, pero entonces recordó las humillaciones, las órdenes imposibles, los desplantes por una mujer que resultó ser lo que no era.
Su parte vengativa tomó el control.
—¿Ahora soy tu ángel? —La voz de Daisy salió como un látigo—. Hace días no entendías lo que era el verdadero amor.
Cassian bajó la mirada con la culpa corroyéndolo, sus hombros, siempre erguidos con arrogancia, ahora caían derrotados.
—Me equivoqué —aceptó—. Y tal vez… mentí... mentí... por celos. Porque sí, estaba y aún estoy celoso Daisy. Mi propio plan salió mal, se suponía que… —él cerró los ojos apretándolos—. Que no tenía que sentir nada por ti, pero pasó… Quizás… fue esa primera vez, pero lo único que sé con total seguridad es que mi vida es un caos sin ti. Te necesito. En la empresa… en…
Daisy soltó una risa seca interrumpiéndolo.
—¿Eso es todo? ¿Viniste porque necesitas a tu asistente? —Se apartó, obligándolo a soltar su pantalón—. Entonces consigue otra secretaria, Cassian. Yo renuncio.
Él se quedó pasmado y Sofía igual.
—¿Re… renuncias? —balbuceó Cassian.
—Sí. ¡¿Renuncias?! —secundó Sofía ante la decisión inesperada de su amiga.
Daisy miró a ambos, pero se quedó en Cassian.
—Nuestro trato terminó, Cassian. Ya sabes la verdad. Ya no hay razón para que siga en ese puesto, sabes que no estoy cali…
—No. —Él se puso de pie rápido—. No es solo por el trabajo. Es por ti. Daisy… —pasó una mano temblorosa por su cabello despeinado—. Eres buena… eres buena en tu trabajo… y aunque nuestro trato haya terminado, eso no significa que debas irte.
Dio un paso hacia ella y Daisy retrocedió instintivamente. El dolor cruzó por los ojos de Cassian como un relámpago.
—No te acerques —advirtió ella, cruzándose de brazos para ocultar el temblor de sus manos—. Tenía planeado llamarte mañana. Para renunciar formalmente y pedirte que hagas el traslado de mi madre al hospital público aquí a los Estados Unidos.
—¿Quieres que deje de pagar? —La voz de Cassian sonaba hueca.
—Sí. No tienes que cumplir con lo demás. Solo… ya no volvamos a vernos.
Cassian parecía haber envejecido años, la desesperación lo consumía a cada segundo.
—Daisy —pronunció su nombre como una plegaria—. Eres la persona más brillante que ha pisado esa empresa. Tu intuición para los negocios, tu capacidad de análisis... he sido un imbécil al no valorarte. No renuncies… yo… haré lo que sea, lo que tú pidas. Solo… no te vayas.
Sus miradas se encontraron en un duelo silencioso. Daisy sentía cómo sus defensas, construidas comenzaban a tambalearse.
—Amiga, sé que no debería interceder y no lo hago. Pero… —Sofía se inclinó hacia su amiga—. Empresas Roth paga muy bien y piensa en tu mamá, si la vas a traer necesitarás dinero…
Daisy analizó las palabras de su amiga y supo que tenía razón. Estaba actuando desde el orgullo sin pensar a futuro.

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