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LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO romance Capítulo 84

Capítulo 84: Sorpresa en la oficina.

A la mañana siguiente, Cassian despertó temprano, se duchó y eligió su mejor traje. Frente al espejo, notó las ojeras profundas bajo sus ojos.

No importaba. Tenía un plan.

Llamó a la florista antes de las siete y pidió orquídeas blancas. Las favoritas de Daisy. Y escribió la nota tres veces hasta que las palabras fluyeron: "Las flores más hermosas para la mujer más valiente que conozco. Perdóname por no haber visto lo que tenía frente a mí. C."

Llegó a la oficina antes que nadie y supervisó personalmente la entrega. Cada orquídea fue colocada estratégicamente en la nueva oficina de Daisy.

Cuando terminó, el espacio parecía un jardín de ensueño.

Nervioso como nunca, se escondió en su despacho, esperando. El corazón le martilleaba en el pecho mientras observaba por la rendija de la puerta, si Adriano lo viera se burlaría de él por meses, aunque sinceramente no le importaba.

Lo único que quería era que Daisy viera al hombre que podía ser. El hombre detallista y enamorado que sí era.

Daisy entró al edificio a las 8:30 en punto. Se sentía como la primera vez, pero se obligó a respirar. Su traje azul marino se ajustaba perfectamente a su figura, y llevaba el cabello recogido en un moño impecable. Nadie habría adivinado que la relación con el temido jefe había cambiado la noche anterior y que ella había llorado por él.

Por lo roto que estaba. Pero eso era todo lo que le concedería. Nunca más le mostraría un ápice de vulnerabilidad. Afortunadamente Pecas la había consolado hasta quedarse dormida.

Apenas salió del ascensor, Sofía la interceptó en el pasillo, con una sonrisa cómplice.

—¿Quiero que me cuentes todo? —exigió, entregándole un café.

—Sofi, no va a pasar nada —respondió Daisy, rodando los ojos—. Es un trato profesional. Además, creo que ya estás enterada de todo. ¿Qué más voy a decirte?

Sofía rodó los ojos.

—Vaya que eres lenta amiga. ¿De verdad crees que nuestro jefe va a quedarse así?

Daisy la miró sin entender.

—¿Y qué se supone que haga?

—Amiga. Lee más novelas románticas. Estamos ante el típico caso donde el prota trata de conquistar a la prota, después de regarla. Y… como una lectora experimentada, sé que el jefe hará algo. Solo… —le palmeó el hombro—. No caigas tan fácil, se pierde la emoción.

Daisy apretó el ceño.

—¿Estás comparando mi vida con una novela romántica?

—Ajá —respondió Sofía dándole un sorbo a su café y Daisy rio.

—Estás loca, Sofi. Este es el mundo real, no pasan esas cosas y menos con Cassian Roth.

Sofía suspiró audible.

—La realidad supera la ficción dicen, pero tú solo cuéntame si pasa algo. Eso alimenta mis fantasías, amiga. Además, tómalo como pago por el hecho de que tu Pecas dejó un gran regalo en mi alfombra. Cielos Daisy, ¿por qué no lo llevas a un refugio y mejor te compras no sé, un gato o quizás un conejo… hasta un pajarito? Ese perro es feo.

—¡Oye! Pecas es lindo, la belleza es subjetiva. Y lo de la cagada en la alfombra, prometo que lo sacaré temprano, es que… bueno… fue mi culpa.

—Sí, sí... claro. En fin, te espero a la hora del almuerzo, ¿vale?

—Sí, te daré todos los detalles. Ahora déjame trabajar.

Sofía le guiñó un ojo y se alejó. Daisy sonrió por las ocurrencias de su amiga, luego respiró hondo y abrió la puerta de su oficina, solo para quedarse paralizada en la puerta.

—Pero… ¿Qué es todo esto?

Había orquídeas blancas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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