Capítulo 86: Veo que recibiste mi regalo.
El nombre la golpeó como un impacto físico.
Alexander.
—¿Señorita? ¿Está bien?
Daisy parpadeó y el mensajero la miraba con expresión preocupada.
—Sí. Gracias.
El hombre asintió y se retiró, cerrando la puerta tras de sí. El silencio volvió a reinar, Daisy miró la caja roja, lentamente, extendió los dedos y tocó la superficie suave, antes de abrir la caja.
No había joyas ni un regalo caro.
Solo un dibujo y una grabadora.
Tomó el papel. Era ella, o una versión de ella con el cabello muy largo, sosteniendo la mano de un niño pequeño, en la esquina, con letra temblorosa, se leía: Leo.
Daisy sintió un tirón violento en el pecho. La imagen de aquel niño de ojos curiosos la desarmó por completo. Sin poder evitarlo, presionó el botón de play de la grabadora y el audio llenó el espacio con una voz infantil y dulce.
—Daisy, papá dice que estás trabajando. Pero… Te extraño.
Daisy apretó el dibujo contra su pecho, cerrando los ojos. Leo era su debilidad, el único vínculo puro en medio de ese fango de mentiras y contratos.
—Eso es juego sucio, nivel experto. Alexander Van Deer es un francotirador emocional.
Daisy dio un respingo y soltó el dibujo. Sofía estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba la lástima con el sarcasmo. Entró, pateó la puerta para cerrarla y se acercó al escritorio con paso firme.
—¿Sofi? ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Daisy.
—Lo suficiente para escuchar a la artillería pesada —Sofía señaló la caja—. Cassian te bombardea con orquídeas y Alexander te lanza un niño por la cabeza. Es una guerra de asedio, amiga, y tú eres el castillo.
—No digas tonterías. Leo me quiere, y yo a él.

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