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LECCIONES DE MEDIANOCHE CON EL CEO romance Capítulo 99

Capítulo 99: En los brazos del hombre que más odiaba.

Alexander permanecía junto al ventanal y en su mente, repasaba el rostro de Daisy. Le gustaba su risa, la forma en que cuidaba a Leo y esa inocencia que la hacía vulnerable en un mundo de lobos. Sabía que estaba moviendo hilos a sus espaldas, pero se convencía de que era necesario; ella era demasiado pura para un hombre como Cassian Roth. Un hombre que jamás podría darle una vida libre, normal, segura.

Además, el recuerdo de Isobel, quien nunca quiso a Leo, le pesaba en el pecho como una deuda que solo Daisy podía saldar convirtiéndose en la madre de su hijo, ella era la madre que merecía.

Su relación con ella siempre estuvo marcada por acuerdos y conveniencias sociales. Se casó convencido de que era lo correcto; creció con la idea de que ese compromiso era su destino. Su único deber era ser la esposa perfecta: quedarse en casa y criar a los hijos. Pero en cuanto le dijo que debían buscar un embarazo, ella se negó en redondo y él necesitaba a ese niño, necesitaba a Leo, y una vez más tuvo que tomar decisiones unilaterales para conseguir lo que quería.

No se consideraba un hombre malo, simplemente era alguien que no aceptaba un "no" por respuesta. Aceptaba, con una frialdad casi clínica, que nunca se había enamorado de verdad, ni siquiera de la madre de su hijo. Pero con Daisy era distinto. Ella era la pieza que faltaba. No buscaba una pasión que lo consumiera, buscaba la salvación para Leo. Quería darle la madre que merecía, y estaba dispuesto a todo para que ella aceptara ese papel.

Daisy se enojaría al descubrir sus maniobras, pero confiaba en que terminaría entendiendo. Leo la amaba, y él podía darle la paz que Cassian nunca conocería. Estaba seguro de que ella aceptaría por el niño, sabiendo que Roth era incapaz de ofrecerle lo que ella tanto anhelaba: un verdadero hogar.

Se giró al escuchar el portazo. Cassian estaba allí, con la mandíbula apretada y los puños cerrados.

—¿Qué haces aquí, Alexander?

—Vine a dejar las cosas claras —respondió, caminando hacia el escritorio—. No sigas perdiendo el tiempo. Ya deja de ser el perdedor que no sabe elegir. Primero te obsesionas con Isobel, una mujer que jamás te amó, y ahora esto.

Cassian dio un paso al frente, invadiendo su espacio y el aire entre ambos vibraba.

—No te atrevas a mencionarla. Lo que siento por Daisy es real y voy a luchar por ella. Puedes comprar mil anillos, Alexander, pero no me voy a rendir.

Alexander soltó una carcajada seca, llena de burla.

—Veo que Adriano ya te fue con el chisme del anillo. —Se enderezó, ajustándose el saco con elegancia—. Pues sí, voy a casarme con ella. ¿Sabes por qué? Porque yo sí puedo darle la estabilidad y la felicidad que tú no puedes.

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