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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 176

Nelson regresó a la habitación y revisó la herida en la frente de Ivana.

Luego, tomó el celular de ella y se desbloqueó de la lista negra.

Para ese momento, Ivana ya se había quedado dormida. Tenía el ceño ligeramente fruncido y las lágrimas corrían en silencio por su rostro.

Ahí acostada, aunque estaba cubierta por la cobija, se veía increíblemente frágil.

Nelson tomó un pañuelo y, con torpeza, intentó secarle las lágrimas.

Pero no paraban; era como querer secar una herida que no deja de sangrar.

Finalmente, Nelson se quedó sentado a su lado, observándola.

No supo cuánto tiempo pasó, pero esperó hasta que ella por fin se calmó y dejó de llorar.

Solo entonces Nelson se enderezó y, con el celular de ella en la mano, se dirigió al estudio.

Prendió la luz, sacó un chip del cajón y se lo puso al teléfono con la calma de quien ya lo traía planeado.

***

La mañana siguiente, cuando Ivana se despertó, no vio a Nelson por ningún lado.

No quería volver a pensar en lo que había sucedido el día anterior. Hizo un esfuerzo por trazar una línea clara en su mente: los asuntos de Nelson ya no tenían nada que ver con ella.

Por suerte, era su día libre.

Cuando Gilda la invitó a salir, ella se negó.

Sentía que no podía perder más tiempo. En esos cuatro años, se había atrasado en muchos de sus estudios y necesitaba ponerse al día urgentemente.

Así que, después de desayunar, se apresuró a regresar a Residencial Valle de Ónix.

Todo su equipo, incluido su dron, estaba ahí. Con la punta de los dedos, navegaba por la interfaz de calibración en su tablet mientras revisaba minuciosamente los densos registros de trabajo.

A decir verdad, había aprendido muchísimo durante su tiempo en el equipo.

Desde los algoritmos de control de vuelo hasta las tarjetas electrónicas de los motores. Todo se reducía a lo mismo: ajustar, probar y rascarle gramos a donde se pudiera.

La furia se apoderó de Ivana al instante.

—¿Qué te pasa?

Apenas había terminado de instalar el cableado interno. Rápidamente, levantó el aparato para revisar si había sufrido algún daño.

Nelson la alcanzó y le cerró el paso.

—Solo tienes trabajo en la cabeza. ¿Qué hora es? ¿No piensas almorzar?

En ese momento, las palabras de él le entraban por un oído y le salían por el otro. Se zafó y miró el dron con tanta angustia que se le aguaron los ojos.

Nelson la observó y luego se dio la vuelta para abrir la puerta principal.

Leandra ya estaba esperando afuera con un carrito de servicio.

—Señora, ya casi empieza la temporada de frío. El señor pidió que le prepararan un nuevo plan de nutrición. Pero es importante que coma a sus horas.

»De ahora en adelante, todas las mañanas le vamos a dejar un caldito bien reconfortante. Este aparato de abajo es para envasarla al vacío, y también tiene popotes. ¡Así, si sale con prisa por la mañana, puede llevársela y tomarla en el camino, será muy práctico!

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