—¿Viaje de negocios? ¿A eso le llamas viaje de negocios?
El rostro de Daniela, que antes estaba lleno de furia, se quedó mudo ante las palabras de Nelson. Lo miró con incredulidad.
—Nelson, mejor haz que vuelva el doctor de hace un rato y que te revise a ti también.
Empezaba a sospechar que su precioso nieto estaba perdiendo la razón.
—Abuela, deberías tomar tu medicina, ¿no? ¿No dijo el doctor que la tomaras antes de comer?
Nelson cambió de tema a propósito y se levantó para acercarse a la cómoda.
Daniela dejó escapar un suspiro.
—Deja que la sirvienta se encargue de eso. Está en el tercer cajón del mueble de la derecha.
Nelson asintió, pero al azar abrió el segundo cajón.
Daniela levantó la voz por instinto.
—¡Es el tercero!
Solo entonces Nelson abrió el tercer cajón y luego tomó el vaso de agua que le pasó la sirvienta.
Al ver esta escena, Daniela pareció recordar algo y bajó la voz a propósito.
—¿Me escuchas bien si hablo así?
En realidad, a esa distancia, cualquier persona normal la habría escuchado perfectamente.
Pero Nelson volteó la cabeza y preguntó:
—Abuela, ¿qué dijiste?
Daniela se alarmó mucho, dándose cuenta de la gravedad del asunto.
—¿Por qué tu audición ha empeorado tanto de repente?
En aquel accidente automovilístico de hace años, no solo Roque perdió la vida en el instante, sino que Nelson también resultó gravemente herido. Sus tímpanos se perforaron y, tras haber estado sumergido en agua, por mucho que se recuperó, su audición nunca volvió a ser la de antes.
¡Pero ahora era evidente que estaba mucho peor!
Una vez que la puerta se cerró, Daniela volvió a abrir los ojos, pero esta vez la tos que le sobrevino fue por puro coraje.
La sirvienta se acercó deprisa, la sostuvo y le dio unas palmaditas suaves en la espalda.
Daniela seguía que echaba chispas.
—¡Esa Ivana, se fue por ahí a hacer de las suyas y al volver ni siquiera ha dado una explicación! ¿Qué se cree que es la familia Zavala? ¡Por lo visto, tendré que darle una buena lección!
La sirvienta, sin embargo, se mostró preocupada.
—Pero si el joven Nelson se entera, me temo que no le hará ninguna gracia...
—Hmph, es que él es demasiado blando. Seguro su mujercita le lloró un poco al oído y le pidió perdón, y él ya dio el asunto por olvidado. ¡Me parece que a Nelson se le está acabando la ambición por culpa de esa descarada! Ahora se la pasa metido en ese hospital suyo todo el día y ni siquiera menciona cuándo volverá a hacerse cargo de la empresa.
Dicen que no hay nada que consuma más la voluntad de un hombre que los encantos de una mujer, y qué gran verdad era esa.
Desde que se casó, Nelson prácticamente se quedó estancado en su zona de confort, perdiendo el interés en todo lo demás.
Mauro ya estaba envejeciendo; y aunque de momento tenía buena salud, ¿acaso iban a dejar una empresa tan grande en manos de extraños en el futuro?

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