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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 42

—Tú fuiste la que se aprovechó de la situación y ocupó el lugar de Yadira, arruinándonos el momento a todos. ¿Y ahora ni siquiera reconoces tu papel de sustituta? ¡Ve y discúlpate con Yadira ahora mismo!

Viviana era la que más gritaba. Esperaba que Ivana respondiera como antes, pero para su sorpresa, Ivana pasó a toda prisa con el rostro pálido, como si no hubiera escuchado nada de lo que decían.

—¡Ja! ¡Seguro que Nelson acaba de ponerla en su lugar! ¡Por eso no se atreve a darnos la cara!

Pero cuando Nelson salió, todos soltaron una exclamación de sorpresa al verlo.

—¿Tu cara? ¡Está sangrando! ¿Qué pasó?

La mirada de Nelson solo seguía la espalda de Ivana mientras se alejaba. Cuando se volvió hacia ellos, su expresión era fría.

—¿Por qué tanto alboroto? Me corté sin querer mientras partía fruta.

Esa mentira podría haber engañado a otros, pero varios de los presentes habían estudiado medicina.

El corte era más superficial por fuera y más profundo por dentro, lo que indicaba que había sido hecho desde el exterior hacia un lado. ¡Era obvio que alguien más lo había provocado!

Y en la habitación, aparte de Nelson, solo estaba…

Todos se quedaron atónitos.

¡Especialmente Yadira!

¿Solo habían discutido y Ivana ya había herido a Nelson con un cuchillo? ¿Y Nelson, en lugar de enojarse, intentaba restarle importancia al asunto?

¡Claramente la estaba protegiendo!

Yadira apretó los puños a sus costados y luego los relajó lentamente. Se acercó rápidamente a él.

—Nelson, qué descuidado eres. ¡Deja que te desinfecte y te ponga una venda!

Nelson, irritado, apartó la mano de ella y les dijo a los demás que tenía una cirugía en breve.

—En ese momento no tenía otra opción. ¿Sabes cuánto habría tenido que pagar si rompía el contrato? Además, sabes que desde pequeña he sido una hija ilegítima, siempre viviendo en la sombra. Era una oportunidad única para mí, no quería que las cosas fueran así. ¡Si se lo dices, estaré acabada!

Mientras hablaba, tiró suavemente de la manga de Adán. Traía los ojos vidriosos, suplicándole como quien ya se siente contra la pared.

Algo en él se le aflojó y se le cayó la dureza de encima.

—Tranquila, no se lo diré a Nelson. Pero tú tampoco vuelvas a provocar a Ivana.

Yadira asintió de inmediato.

—Está bien, ¡te lo prometo!

Adán se quedó de pie frente al enorme ventanal de cristal, sintiendo una extraña inquietud. En realidad, él tampoco se atrevía a contarle la verdad a Nelson.

Después de todo, ¡él también había participado en la trampa que le tendieron a Ivana en el pasado!

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