Tenía los tobillos finos y una elegancia natural que volvía irresistible hasta lo más simple; con esos tacones, se robaba todas las miradas. Naturalmente, cualquier cosa que se pusiera le quedaría bien.
Nelson estuvo a punto de decir que se veían preciosos, pero de repente recordó a Yadira, a quien Ivana había dejado con una discapacidad permanente en las piernas.
Él había estado presente durante la cirugía y la imagen de la herida sangrienta en el tobillo de ella era espeluznante. Era posible que nunca más pudiera volver a usar tacones.
Entonces, respondió:
—Se te ven horribles.
Aún recordaba cómo Ivana, al oírlo, había hecho un puchero y se había quejado en voz baja de su falta de buen gusto.
El timbre de la puerta de abajo sonó de repente, sacando a Nelson de sus pensamientos. Apagó la luz y bajó las escaleras de inmediato.
Después de todo, todavía tenía asuntos que atender.
***
De vuelta en el resort, el lugar ya había sido desalojado.
La habitación donde habían secuestrado a Ivana esa noche estaba acordonada. Al hombre que yacía en el suelo se lo habían llevado al hospital hacía tiempo, pero las manchas de sangre en el piso ya habían comenzado a secarse y a oscurecerse.
Nelson echó un vistazo a su alrededor, aparentemente distraído, y sacó su celular para enviarle un mensaje a Leandra.
[¿Está durmiendo tranquilamente?]
En ese momento, Adán se acercó y le informó:
—El hombre de hoy se llama William. Su padre es el embajador del país de Zarven, Henry Gibson. Vino a asistir a la cumbre. La gente de Santiago ya se puso en contacto con él y, antes de que pudiera armar un escándalo, le mostraron las pruebas en video. Su hijo está en el hospital y, por ahora, su vida no corre peligro. La situación está mayormente controlada.
—Gracias —le dijo Nelson.
Luego, bajó la cabeza y envió otro mensaje.
Federico, con una copia de los videos de vigilancia que acababan de sacar, se la entregó bostezando del cansancio.
—Ese tal William debió de ver a Ivana en el club Onda Baja. Te lo dije, que trabajara ahí tarde o temprano te iba a traer problemas. Además, el tipo es hijo de un diplomático, tiene buena posición y no está mal de aspecto. Quién sabe, a lo mejor Ivana y él se llevaron bien en el club y se engancharon. Al final, para estas cosas se necesitan dos, ¿no?
La mano de Nelson, que escribía un mensaje, se detuvo, y lo miró con frialdad.
Federico le devolvió la mirada.

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