Con su condición física actual, salvo por no poder pelear como antes, Almendra sentía que nada más le afectaba.
Se había dado cuenta cuando fue al Valle del Sol Eterno a atrapar a Saulo y Susana: en cuanto hacía un esfuerzo físico intenso, sus funciones corporales caían en picada, llegando incluso al colapso.
Por eso últimamente se portaba bien: no se desvelaba y no se peleaba.
Pero participar en una competencia médica no sería problema.
Fabián se quedó en silencio.
A través del teléfono, Almendra pudo percibir su resignación, así que preguntó:
—¿Y tú? ¿Todavía no duermes?
Calculando la diferencia horaria, allá debían ser como las once de la noche.
Fabián conocía el carácter de Almendra; sabía que una vez que tomaba una decisión, de nada servía intentar disuadirla.
—Apenas terminé de trabajar —respondió él.
—Ah. ¿Cuándo piensas volver?
Fabián curvó los labios en una sonrisa.
—¿Me extrañas?
Almendra alzó una ceja.
—Me preocupa que te agarres a golpes con cierto personaje allá.
Era un milagro que Sombra y él hubieran mantenido la paz tanto tiempo.
Al escuchar la insinuación, el rostro de Fabián se oscureció un poco.
—¿Ese tipo te lo contó todo?
Ese Ricardo... ¡qué lengua tan larga tenía!
Almendra soltó una risa suave.
—Sí.
Hablando de Sombra, Fabián había puesto a Martín a investigar su verdadera identidad, pero era extraño; lo único que encontraban era lo que el propio Ricardo dejaba ver.
Sin embargo, Fabián sentía que Ricardo no era tan simple como aparentaba.
Se le olvidó decirle al señor Ocampo que no iba a asistir a esas capacitaciones.
Ni modo, tendría que ir a explicarlo ella misma.
El profesor Chávez acababa de realizar una cirugía de cuatro horas. En cuanto terminó, le escribió a Almendra para citarla.
No estaba solo en la oficina; había otros profesores presentes.
Quería ver de qué estaba hecha esa muchacha.
Como el mensaje fue en el grupo, los demás miembros también lo vieron. No solo Regina, sino también Estela, querían ir a ver cómo regañaban a Almendra. Basilio, siendo hombre, no era tan chismoso.
Pero al ver que Estela y Regina decían tener dudas que consultar, el profesor Chávez les dijo:
—Pues vayan todos a la oficina. Aprovechando que estamos reunidos, discutiremos bien el tema de la competencia.
Desde que salió la convocatoria, no se habían reunido formalmente.
Regina y Estela sonrieron para sus adentros. Perfecto, podrían presenciar en primera fila cómo el profesor Chávez ponía en su lugar a esa engreída.
—Claro que sí, profesor. También creo que deberíamos tener una junta, porque si Almendra sigue faltando a las capacitaciones, va a terminar afectando nuestra calificación final.

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