Marisol, al ver las caras de culpa y nerviosismo de los dos, frunció aún más el ceño.
Esa no era la cara de alguien que no ha hecho nada.
Parecía más bien que los habían agarrado con las manos en la masa.
Luis soltó de inmediato:
—Mamá, este par no vino a nuestra casa con buenas intenciones. En lugar de estar comportándose en la fiesta, se vinieron al jardín trasero a darle vuelo a la hilacha. Si la prima Almendra y yo no los hubiéramos parado, seguro agarraban nuestro pasto de colchón.
—¡Luis! ¡No digas estupideces! —Isidora estaba roja de la furia.
—¡No es cierto, no hicimos nada! —Osiel también sentía que Luis estaba torciendo la realidad de una manera grotesca.
Luis soltó una risa burlona:
—Lo vimos con nuestros propios ojos, ¿acaso voy a mentir? ¡Lo que pasa es que no tienen los pantalones para admitirlo!
De todos modos, Luis estaba decidido a sostener que los dos querían hacer cochinadas en el jardín, dejando a Isidora y a Osiel sin forma de defenderse.
Marisol conocía a su hijo y sabía que le encantaba echarle crema a sus tacos.
Pero que Isidora y Osiel se hubieran escabullido al jardín en plena noche bajo el amparo de la oscuridad... sí era sospechoso.
—Señor Huerta, entonces dígame, ¿qué hacían aquí en lugar de estar en la recepción?
—Tía, fue Osiel el que me estaba molestando. Yo no quería hacerle caso y sin darme cuenta terminé aquí, ¡no es para nada lo que dice el primo Luis! —se apresuró a explicar Isidora al ver que venía gente, echándole toda la culpa a Osiel.
Los invitados de esta noche en casa de los Tapia eran gente importante. Si Luis lograba convencerlos de que ella y Osiel estaban haciendo indecencias en el jardín, ¡su reputación se iría al caño!
Al escuchar ese «tía», Marisol curvó los labios en una sonrisa fría y distante:
—Señorita Vargas, en el Día de Muertos dejamos las cosas muy claras. Ya no soy su tía.
La simple idea de que su vida pudiera quedar atada para siempre a ese tipo insoportable le revolvía el estómago.
—¡Mamá, aquí estoy!
Rosa no había visto a Isidora en la fiesta y se había preocupado. Buscó por todos lados y, al no encontrarla, decidió ir hacia el jardín. No esperaba encontrarla de verdad.
—Isidora, ¿qué haces aquí? ¡Me tenías con el Jesús en la boca!
Al acercarse, Rosa vio que también estaban Osiel, Marisol, Almendra y Luis.
Y al ver la cara de indignación y llanto contenido de Isidora, asumió de inmediato que Marisol, junto con Almendra y Luis, le estaban haciendo bullying a su hija.
Frunció el ceño y miró a Marisol con tono de reclamo:
—Marisol, ¿qué significa esto?

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