Como era de esperarse, al escuchar eso, Isidora se enfureció aún más.
—¡Osiel! ¿Por qué no preguntas en la escuela qué opinan de ti? ¡El tipo que corrió encuerado! No pudiste ganarle ni a la zorra de Almendra, ¿y crees que puedes casarte conmigo? ¡Sigue soñando!
A Isidora nunca le había gustado Osiel, y después de que él perdiera contra Almendra en el concurso académico y terminara corriendo desnudo por el campus, lo detestaba aún más.
Al recordar ese incidente, Osiel se sintió morir de vergüenza.
Pero él tampoco esperaba que Almendra fuera tan buena.
—Perdóname, Isidora. Fue mi culpa no ganarle, fui un inútil. Pero mis sentimientos por ti son sinceros. ¡Si aceptas estar conmigo, haré lo que me pidas!
Isidora maquinó algo rápido y miró a Osiel con una expresión calculadora.
—¿De verdad?
Osiel asintió con firmeza.
—¡Sí!
Le gustaba Isidora desde hacía mucho tiempo; quería casarse con ella y pasar el resto de su vida a su lado.
—Muy bien. Entonces ve y conquista a Almendra.
Osiel se quedó helado, sin entender qué quería decir Isidora.
Almendra y Luis, que estaban escuchando todo el chisme, se quedaron de piedra.
Isidora soltó una risita fría:
—Ingéniatelas para que Almendra caiga, haz que se muera por ti, juega con sus sentimientos. Y cuando la tengas bien enamorada, ¡mándala al diablo y hazla sufrir como nunca!
Osiel miró a Isidora con horror, como si fuera la primera vez que la veía realmente.
Luis soltó una risa de incredulidad.
¿Isidora era estúpida o qué?
Almendra también estaba sin palabras y dijo con voz calmada:
—Idiota, se escucharon tus planes hasta acá.
Isidora y Osiel dieron un salto del susto y miraron a todos lados, presas del pánico.

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