Liliana le dio un pellizco en la cintura al hombre, algo molesta:
—Ya, no juegues, es algo importante.
El hombre no tuvo más remedio que quitarse de encima.
Liliana se levantó, se puso una bata cualquiera y contestó el teléfono.
—Betina, es muy tarde, ¿pasa algo?
La voz de Liliana sonaba algo ronca por la actividad reciente, así que Betina pensó que ya estaba dormida.
—Liliana, ¿ya te dormiste?
Liliana hizo una pausa y dijo:
—Me acababa de dormir, estoy bien. Dime, ¿qué necesitas?
Betina dudó un momento y dijo:
—Acabamos de regresar de casa de los Tapia, pero Almendra se fue sola en su coche. Creo que fue a ver a alguien. ¿Podrías conseguir a alguien que investigue qué fue a hacer esta noche?
Betina estaba convencida de que Almendra iba a encontrarse con algún amante.
Si atrapaban a Almendra con otro hombre in fraganti, el compromiso con la familia Ortega se iría al diablo, ¿no?
¡Fabián jamás aceptaría a una cualquiera que lo traicionara!
Liliana se espabiló de golpe:
—¿En serio?
—Sí.
Liliana tenía a mano gente a la que podía mandar, investigar chismes era pan comido.
—Está bien, voy a contactar a alguien ahora mismo para ver si la encuentran.
—Gracias, te lo encargo mucho, Liliana.
—Tonta, no tienes nada que agradecer.
Al colgar, Betina soltó una risa fría de satisfacción.
Más le valía a Almendra que no le cayeran pruebas en las manos, o si no, ¡no sabría ni cómo le iba a ir!
***
Almendra estacionó el coche directamente en la parte trasera de la casa de los Lara, no en la entrada principal.
Israel Lara salió de puntitas poco después.
—¡Almendra! Por fin llegas, ya nos estábamos muriendo de la ansiedad.
Almendra bajó del coche y cerró la puerta:
—Adentro hablamos.
Israel miró a todos lados y, al no ver a nadie sospechoso, metió a Almendra a la casa.

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