Pensó en contarles la verdad a Frida y a Simón, pero considerando que convivían diario con el abuelo, podrían delatarse por los nervios.
Tras darle vueltas, Almendra decidió que lo más prudente era contárselo primero a Cristian Reyes.
Pero ya era muy tarde.
Mañana era día de ir a la universidad, pero eso podía esperar.
Le envió un mensaje a Cristian: [Cristian, ¿estarás mañana en la empresa? Necesito verte.]
Cuando Cristian tenía mucho trabajo, solía quedarse en el área de descanso de su oficina ejecutiva. Solo iba a casa si había algún asunto familiar.
Además, tenía una villa privada cerca de Grupo Reyes.
En ese momento seguía trabajando. No tenía novia ni le gustaba la fiesta, así que su único vicio era ser un adicto al trabajo.
Le sorprendió recibir un mensaje de Almendra.
Al leer que quería verlo, respondió de inmediato: [Sí. ¿Vienes a la oficina o voy a la casa?]
Almendra: [Voy a tu oficina. ¿Tienes tiempo en la mañana?]
Cristian sonrió: [Claro, nos vemos mañana.]
Ariel, que entraba a dejarle la cena, vio a su jefe sonriendo con una ternura inusual y se quedó helado.
¡Virgen santa!
¿Su jefe se había enamorado?
Apenas pensó eso, Cristian levantó la vista y ordenó:
—Más tarde ve a comprar botanas y postres, de esos que les encantan a las mujeres, y consigue algunos regalos de moda. Que estén en mi oficina mañana temprano.
—¿Ah? —Ariel abrió los ojos como platos. ¿Era verdad? ¿Amor en puerta?
Al ver la cara de pasmado de Ariel, Cristian lo miró con desdén:
—¿"Ah" qué? ¡Si ya escuchaste, muévete!
Ariel asintió frenéticamente:

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