Almendra soltó una risita. Alexandro estaba tan ocupado que casi no tenía tiempo ni para ir a casa; seguro el romance y el matrimonio estaban en su lista de prioridades mucho después que los de Cristian.
Tras salir de Grupo Reyes, Almendra condujo hacia la Universidad Médica La Concordia.
Lautaro Ocampo ya la esperaba en el laboratorio, dando vueltas como león enjaulado.
La noche anterior, Almendra también le había contado sobre los clones, lo que provocó que el pobre Lautaro se pasara media noche en vela, dando vueltas en la cama.
Esa mañana se había levantado temprano con unas ojeras tremendas; a su edad, era una tortura para el pobre hombre.
Al ver que por fin llegaba Almendra, se levantó de inmediato y salió a recibirla a la puerta del edificio experimental.
—¡Mi niña, por fin llegas!
Pero antes de que Lautaro pudiera acercarse a Almendra, varios profesores que esperaban afuera le ganaron el paso.
—Almendra, al fin apareces.
—Almendra, te estábamos esperando.
—Sí, Almendra, ¿dónde te metiste estos días?
Amadeo y los otros profesores la rodearon al instante.
La semana pasada Almendra había desaparecido de repente. Esa mañana la habían buscado por todo el campus sin éxito, así que decidieron hacer guardia en el laboratorio. Para su suerte, la estrategia funcionó.
—La semana pasada... tuve algunos asuntos familiares.
Amadeo aprovechó el momento:
—Almendra, ya que terminaste con tus asuntos, por favor ayúdanos a revisar algunas dudas.
El profesor Correa tampoco se quedó atrás:
—Sí, Almendra, acompáñanos a la oficina un momento, de verdad tenemos muchas cosas que consultarte.
Incluso el profesor Aranda, que solía ser más reservado, se unió al grupo:
—Almendra, también tenemos dudas sobre la competencia médica internacional, necesitamos tu opinión.
Al ver esto, Lautaro se adelantó apresurado:

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