Dicho esto, levantó la barbilla con altivez y abrió la puerta de su habitación rebosante de confianza.
Pero al segundo siguiente, su mirada chocó de golpe con la de Almendra.
Al instante, sus ojos se abrieron como platos del puro asombro.
Betina conocía las costumbres de Almendra y suponía que esa noche, como siempre, no se arreglaría demasiado. Pero quién iba a imaginar…
¡La Almendra que tenía enfrente lucía tan imponente y refinada que casi la deja ciega!
¿Qué estaba pasando?
¿Qué mosca le había picado a Almendra hoy?
¿Para qué se había arreglado tan despampanante? ¿Acaso planeaba ligarse a algún hombre en el banquete?
Después de todo, ¡a la fiesta de la familia Zúñiga asistirían puros peces gordos!
¡Seguro era eso!
—Almendra, tú… ¿vas a venir con nosotros a casa de los Zúñiga esta noche?
Betina estaba preocupada. Si Almendra iba con ellos, ¿no se descubriría su identidad como la verdadera hija?
¡Maldita sea!
¡Lo hacía a propósito para amargarle la existencia!
¿Cómo no iba a saber Almendra qué clase de planes maquinaba Betina en su cabeza?
La miró de reojo y sonrió: —¿Tú qué crees?
Betina se quedó muda.
Almendra no se molestó en hacerle más caso y bajó las escaleras.
Abajo, Simón, Frida y Cristian, que ya estaban listos esperando, se quedaron de piedra al ver bajar a Almendra.
—¡Dios mío! Hija, ¡estás preciosa esta noche!
—Sí, Alme, estás tan guapa que no podemos dejar de mirarte. ¡Eres idéntica a tu mamá cuando era joven! Aunque… el estilo es un poco diferente.
Simón también miraba a Almendra con asombro.
El estilo de Almendra era imponente y moderno, mientras que Frida siempre había sido más de elegancia clásica y suave.
A Betina le encantaba que le dijeran que era una princesa.
Las princesas son lo más noble, ¡y ella quería ser la princesita en el corazón de todos!
Betina se sintió triunfante por dentro, pero puso cara de víctima y dijo: —Mamá, entonces, ¿permites que yo sea más bonita que tú en el corazón de papá?
Estaba claro que Betina se había tomado muy a pecho lo que Frida había dicho antes.
Frida sonrió: —Por supuesto, tú también eres nuestra hija adorada.
Al escuchar esto, Betina curvó los labios con satisfacción.
—Papá, mamá, ¿mi hermana va a ir con nosotros esta noche con los Zúñiga?
Betina pensó que si Almendra realmente iba con ellos, cuando llegaran al banquete y la gente preguntara, diría que Almendra era su hermana melliza.
De todos modos, eso era lo que el abuelo había acordado.
Le daba igual si Almendra estaba de acuerdo o no.
¡Absolutamente no iba a permitir que nadie pensara que ella era la hija falsa de la familia Reyes!

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