Cuando Inés se alejó lo suficiente, Almendra miró a Lorenzo: —¿Qué fue todo eso?
Lorenzo era un funcionario público con un cargo importante. Si los rumores se salían de control, su carrera se vería afectada.
Aunque se notaba que Inés era una descarada, su afirmación de que Lorenzo la había "visto" no parecía ser un invento sin fundamento.
Inés insistía en que él debía asumir las consecuencias para limpiar su imagen y evitar un escándalo familiar.
Al escuchar esto, Eva soltó un silbido: —¡Uy! ¿Te pusieron un cuatro?
Efectivamente, a Lorenzo le habían tendido una trampa.
Aprovechando que era la hija del alcalde, Inés averiguó en qué hotel se hospedaba, se metió en su cuarto antes de que él llegara, se quitó la ropa y lo esperó. Luego, armó el drama exigiendo boda.
Si no hubiera sido porque Lorenzo iba acompañado de un botones del hotel en ese momento, no habría tenido forma de defenderse.
Almendra comprendió: —Conque fue así.
Lorenzo asintió. —Sí.
¿De qué otra forma iba a ser? Se la pasaba trabajando como loco, ¿a qué hora iba a andar viendo mujeres?
—Pero, ¿has pensado en algo? Inés es hija de un alcalde. Muchos matarían por casarse con ella. ¿Por qué usaría una táctica tan baja para obligarte a ti?
Lorenzo frunció el ceño. Él también se lo había preguntado. Con su estatus, ¿qué ganaba con una trampa así?
Eva chasqueó la lengua. —Pues seguro se enculó contigo, güey. Mira a Isidora, hizo mil estupideces por Arturo.
El amor a veces atonta a la gente.
Almendra pensó un momento y le dijo a Lorenzo: —Primero tienes que calmar las aguas. No dejes que hagan el escándalo más grande.
Lorenzo arrugó más la frente. —¿Calmarla? ¿Cómo? Esa mujer se me lanza encima en cuanto me ve y grita que quiere boda. Es incontrolable.
Almendra preguntó: —¿Y qué dice su familia?


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