—¿Qué quieres que hagamos? —dijo, apretando los dientes.
—Que renuncie a su puesto de gerente general y se vaya lo más lejos posible —el tono de Almendra estaba cargado de desprecio.
—¡La que debería largarse eres tú! —Patricio estaba tan enojado que puso los ojos en blanco, a punto de desvanecerse.
Al escuchar las palabras de Almendra, la ira contenida en el pecho de Olga estalló, haciéndole perder la razón.
—¡Almendra! ¡No te pases de la raya!
Ya había rebajado su orgullo para suplicar por su hijo, ¿y esta Almendra todavía no sabía cuándo detenerse?
¿Quién se creía que era?
¿Acaso pensaba que tener el respaldo de la familia Reyes le daba derecho a hacer lo que quisiera, a actuar sin ley?
Almendra ignoró las miradas asesinas de Olga y Patricio, caminó con calma hacia su escritorio, sacó una toallita húmeda y se limpió las manos meticulosamente, como si hubiera tocado algo contaminado.
—El que se excedió fue él. Los treinta días del mes se la pasa sin hacer nada. ¿Qué derecho tiene alguien así de ocupar el puesto de gerente general?
Patricio se sintió culpable. Ella acababa de llegar a la empresa, ¿cómo sabía lo que él había hecho durante todo el mes?
—¿Y tú? ¿Qué derecho tienes de ocupar el puesto de presidenta? —cuestionó Olga, con los ojos llenos de furia.
Almendra soltó una risita.
—El derecho de poder rescatar esta empresa, hacer que funcione correctamente y duplicar sus ganancias.
—Hablar es fácil.
—Lo demostraré con hechos. Así que, los que están aquí de adorno, más les vale que se vayan por su cuenta y pronto.
—¡Ja! ¿Y si mi hijo simplemente no renuncia?
El puesto de gerente general estaba justo por debajo del de subdirector. Almendra, una simple mocosa, ya había despedido a dos recepcionistas, ¿y ahora se atrevía a despedir a su hijo?
¡Ni en sus sueños!
—Entonces, que se prepare para pasar unos días encerrado, para que aprenda la lección —dijo Almendra, como si nada.
—Oficiales, por favor, procedan conforme a la ley.
—Así lo haremos.
Patricio fue sacado por la policía entre gritos y lamentos. Olga, preocupada por las heridas de su hijo, los siguió de cerca y se subió a la patrulla. Al ver esta escena, ¡toda la empresa se revolucionó!
¡Esta directora Reyes tenía agallas!
¿Quién era el director Patricio?
Era el príncipe heredero de Textil Velox S.A. Y ella no solo le había dado una paliza, sino que además terminó en los separos. ¡Eso era algo nunca antes visto!
Cintia, desde su puesto de trabajo, observaba cómo se llevaban a Patricio entre quejidos y todavía no podía procesarlo.
La señorita Almendra… su eficiencia era… ¡demasiado impresionante!
Todo había sucedido en menos de veinte minutos, ¿y el director Patricio ya estaba camino a la comisaría?

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