—Sí, papá, te pasaste. Llegas hasta ahorita. Si te tardabas más, me iba a enojar en serio —comentó Inés.
Al ver de nuevo a la señora Quintero y a Inés, Emanuel sintió una mezcla de emociones difícil de controlar. Sin embargo, sabía que no podía permitirse ningún error.
Emanuel le dio unas palmaditas amistosas a Lorenzo en el hombro y dijo con una sonrisa:
—Lorenzo, una disculpa, se me hizo tarde. Como la cena todavía no está lista, ¿me acompañas al estudio para platicar un rato?
Lorenzo asintió con naturalidad:
—Claro que sí, señor.
La señora Quintero, con una sonrisa radiante, intervino:
—Está bien, vayan al estudio. Yo les aviso en cuanto esté servida la cena.
Emanuel asintió:
—De acuerdo.
Lorenzo siguió a Emanuel escaleras arriba. En cuanto la puerta del estudio se cerró, el ambiente se volvió denso al instante.
—La señorita Reyes me dio un somnífero —dijo Emanuel bajando la voz, mientras sacaba dos frascos pequeños de su maletín.
Le entregó uno a Lorenzo:
—Esta noche, buscaré la manera de ponerle la droga en la bebida a mi esposa. Tú aprovecha para dormir a Inés.
Lorenzo frunció el ceño, dudó un segundo, pero decidió contarle la verdad a Emanuel.
—Hace un momento, la señorita Inés me advirtió que su madre planea drogarme a mí.
Emanuel se sorprendió:
—¿Inés te dijo eso?
Lorenzo asintió:
—Sí. Y también me dijo… que la señora Quintero es un clon. Dice que todo lo que está haciendo es porque la están obligando. Ya le informé de esto a… la señorita Almendra. Ella dice que cada clon tiene un chip y un código de barras. Esperaremos a esta noche para confirmar todo.
Emanuel hizo una pausa, pensativo:
—Aunque Inés te haya advertido, ¿quién nos asegura que no es otra trampa de ellas?

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