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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1231

Al escuchar esto, Clara fingió timidez: —Mejor hablemos de eso cuando me gradúe y regrese.

Luego, añadió: —Que descansen. Me voy a mi cuarto.

En cuanto Clara salió y cerró la puerta, la señora Páez se recargó en la cabecera de la cama, suspirando aliviada.

—Por fin se largó. Con ella en la casa, tengo que andar con el jesús en la boca todo el día.

El señor Páez la miró de repente con lujuria: —Con ella aquí no convenía dormir en cuartos separados. ¿Qué tal si hoy me quedo?

La señora Páez soltó un bufido: —¡Lárgate! Ve a buscar a cualquiera de tus zorras, ¡no vengas a ensuciar mi cama!

La expresión del señor Páez se enfrió de golpe.

Replicó molesto: —Ni que tú fueras muy santa. No creas que no sé que te la pasas buscando jovencitos y amantes por ahí.

—¿Tú puedes y yo no? ¿Con qué derecho?

—No dije que no pudieras, pero al final del día somos esposos. ¿Ni siquiera me dejas subir a la cama? ¿Qué van a decir si se enteran?

—Ja. ¿Subirte a la cama de esta señora? ¿Tú? Ni en tus sueños.

Empezaron a discutir y casi terminan a golpes ahí mismo.

El señor Páez resopló, cansado: —Ya, está bien, no peleemos. Tú duerme en la cama, yo me quedo en el sofá, ¿contenta?

Dicho esto, agarró una manta y caminó hacia el sillón.

La señora Páez refunfuñó: —Más te vale. Una imitación barata como tú no merece dormir conmigo. ¡Para la otra vida, tal vez!

El señor Páez, furioso, se tiró pesadamente en el sofá cubriéndose con la manta, pensando con rabia: «Como si tú no fueras otra imitación».

***

Medianoche.

En la oscuridad del muro este de la residencia Páez, tres sombras saltaron al patio con la agilidad de unos gatos.

Almendra iba al frente, seguida de cerca por Eva y Arturo.

Llegó un mensaje de voz de Clara: [Están en el segundo piso, tercera habitación a la izquierda. Los espero en la entrada.]

Los tres evadieron a los guardias del turno nocturno de la familia Páez y llegaron rápidamente a la puerta principal.

Clara les abrió.

—Señorita Almendra.

Almendra asintió: —Subamos primero.

Capítulo 1231 1

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