Ante esto, el abuelo pareció disfrutar aún más la desgracia ajena.
—Vaya, ¿y ahora qué se va a hacer?
Almendra no tenía humor para lidiar con él y se levantó del sofá:
—Estoy cansada, quiero ir a descansar a mi cuarto.
Frida se secó las lágrimas de inmediato y se acercó para sostenerla:
—Sí, Alme, mamá te acompaña.
Fabián habló de repente:
—Señor Simón, señora Frida, no me siento tranquilo dejando a Alme así. Quisiera quedarme estos días para cuidarla.
Simón pensó que Fabián era un hombre considerado y responsable.
—Si no tienes inconveniente con tu trabajo, por nosotros está bien.
El abuelo observó cómo subían las escaleras rodeando a Almendra con cuidado, y un brillo siniestro cruzó por su mirada.
***
Betina Borrero estaba en clase en la escuela, pero su mente estaba en cualquier otro lado.
Almendra había vuelto a destacar en el extranjero y ahora los foros de la escuela estaban llenos de noticias sobre ella, lo cual era irritante.
Sentía que alguien la había estado siguiendo últimamente, por lo que no se atrevía a ir a recoger «aquello».
¡Era realmente molesto!
En ese momento, su celular vibró.
Bajó la mirada y vio que era un mensaje del abuelo.
Pensó que le preguntaría cuándo iba a regresar a casa, pero al abrir el mensaje, creyó que había leído mal.
Salió del chat y volvió a entrar.
Leyó de nuevo.
El abuelo le envió un mensaje: Betina, Almendra regresó del extranjero, pero se lastimó los ojos y no ve nada.
¡Bum!
¡Betina casi saltó de la silla del susto!
¿Había leído bien?
¿De verdad no estaba alucinando?
¡Cielos!
¿Almendra estaba ciega?
¿Era verdad?
¿No estaba soñando?
¿Almendra realmente se quedó ciega?

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