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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1276

Betina apartó la mirada con gesto de fastidio.

—¡Te dije que no es tu asunto!

Que Mateo la viera en un estado tan deplorable la hacía sentir una vergüenza insoportable.

Pero Mateo, preocupado por su aspecto, insistió:

—Betina, tranquila, no voy a molestarte ni a insistir con lo nuestro. Solo creo que deberías ponerte algo en la cara para que baje la hinchazón más rápido.

Al fin y al cabo, a nadie le gusta andar con la marca de una bofetada en el rostro. Y mucho menos a ella, que siempre había sido tan orgullosa.

Al escuchar esto, Betina dudó.

—Hay una farmacia cerca —añadió Mateo—. Puedes esperarme en el coche, yo iré a comprar la pomada.

Dicho esto, Mateo se dio la media vuelta y salió corriendo hacia la farmacia. Se le notaba genuinamente preocupado.

Betina observó su espalda mientras se alejaba y frunció el ceño levemente.

¿Por qué?

¿Por qué cada vez que más necesitaba ayuda, cuando más necesitaba que alguien se preocupara por ella, el que aparecía era precisamente la persona que no quería ver?

Betina se subió al auto. Dudó un instante, pero no arrancó para irse. Quizás, en ese momento, realmente necesitaba ese poco de calidez humana.

Sonrió con amargura. Hace un año, jamás se habría imaginado que, tras su gran fiesta de dieciocho años donde fue el centro de atención, terminaría convertida en una pobre diablo a la que nadie le importaba.

¡Y todo era por culpa de Almendra!

Al pensar en ella, su mirada se llenó de veneno. Parecía que no era la única que deseaba que Almendra desapareciera de la faz de la tierra. Esta vez Almendra se había quedado ciega, pero la próxima... ¡quizás le costaría la vida!

Mateo regresó rápidamente. Al ver que el auto de Betina seguía ahí, soltó un suspiro de alivio. Tenía miedo de que ella se hubiera marchado mientras él estaba en la farmacia.

—¡Betina! Ya traje la medicina —dijo acercándose a la ventanilla con una expresión alegre.

Betina tomó el tubo de pomada con frialdad y asintió levemente.

¡Tan solo el set de productos que usaba para cuidarse la cara costaba lo que esos muertos de hambre gastaban en dos o tres años!

Se aplicó la pomada lentamente, pero la mejilla seguía viéndose inflamada y roja. No tuvo más remedio que sacar su maquillaje y tratar de cubrir el golpe lo mejor posible.

Solo entonces arrancó de nuevo hacia la residencia de los Reyes.

Al llegar a casa y cruzar la puerta, seguía preocupada de que Simón y Frida notaran la herida. Sin embargo, apenas puso un pie en la entrada, escuchó la voz angustiada de Frida proveniente de la sala:

—¿Qué pasa con Gilberto? Llevo dos días sin poder contactarlo. Almendra y Fabián ya regresaron, ¿a dónde se fue él ahora?

—Almendra ya nos dijo que probablemente se fue a hacer algún experimento —intentó calmarla Simón—. Ya sabes cómo es, en cuanto se mete en el laboratorio, siempre desaparece por un tiempo.

—Pero antes de encerrarse siempre nos avisaba para que no nos preocupáramos —replicó Frida, cada vez más ansiosa—. Esta vez no hay ni una sola noticia. ¿Cómo voy a estar tranquila?

Betina escuchó todo aquello y sintió una punzada de ironía.

Ella acababa de ser asaltada, casi corrió peligro su vida, ¿y a ellos no les nacía ni preguntarle cómo estaba?

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