Para su sorpresa, Almendra giró la cabeza hacia donde estaban Eva y Arturo y ordenó:
—Enséñenle el documento.
Arturo sacó inmediatamente el archivo sobre la clonación humana y lo puso frente a Yolanda.
—Tú también estudias medicina —dijo Almendra—, así que seguramente has oído hablar sobre los experimentos de clonación humana.
Yolanda, en efecto, había escuchado sobre el tema, pero sabía que la ONU había declarado explícitamente que estaba prohibido en cualquier país. Si los clones salieran a la luz, traerían crisis impredecibles para la humanidad.
Comenzó a leer el archivo con atención, sin saltarse una sola palabra. Mientras más leía, más grande era su asombro. Si ese documento no se lo hubiera dado Almendra, jamás habría creído que algo así fuera real.
—Almendra... ¿estás tratando de decir que mi hermana... que ella es un clon?
¡Simplemente no podía creerlo!
Almendra asintió levemente.
—La información que tenemos apunta a eso. ¿No has notado nada diferente en tu hermana últimamente? ¿Algo que no encaje con cómo era antes?
Yolanda sintió un nudo en el estómago.
Su hermana Mirta siempre había sido brillante. Como no había varones en la familia, sus padres la educaron para ser la heredera. Durante años, ella había tomado todas las decisiones importantes en la empresa como presidenta.
—Yo... ella... —Yolanda trató de recordar los cambios en su hermana—: Mi hermana siempre me ha consentido mucho. No importa cuánto trabajo tuviera, siempre sacaba tiempo para estar conmigo, para comer en familia, siempre se preocupaba por mis papás.
—Pero... no sé desde cuándo, se volvió exageradamente ocupada. Y su personalidad... se volvió un poco fría.
Hizo una pausa y luego añadió:
—Pero todos pensamos que era por el estrés del trabajo. Jamás nos imaginamos otra cosa.
Después de todo, teniendo a la misma persona frente a sus ojos, ¿quién iba a pensar que había sido reemplazada?

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