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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1280

Yolanda asintió con el corazón encogido:

—Está bien.

Acto seguido, el grupo discutió la estrategia para ir a la mansión de la familia Sandoval, examinar a Mirta e inyectarle el reactivo.

Yolanda comentó con cierta dificultad:

—El problema es que mi hermana está verdaderamente ocupada. Las veces que va a casa al mes se pueden contar con los dedos de una mano. La mayor parte del tiempo está en la empresa o de viaje de negocios, yo…

Al decirlo, la propia Yolanda se quedó callada.

¿No eran esas señales una prueba de que Mirta había cambiado sin que se dieran cuenta?

Quizás no iba a casa a menudo por miedo a que la familia notara algo extraño.

Y, de paso, al estar en la empresa o de viaje, podía mantener el control económico de la familia Sandoval en sus manos.

Eva frunció el ceño y preguntó:

—¿No tienen alguna reunión familiar pronto a la que ella esté obligada a asistir?

Yolanda recordó algo de repente:

—Mis papás están a punto de cumplir treinta años de casados. Ellos… habían comentado que querían una cena familiar para celebrar, pero no sé si mi hermana podrá venir.

El padre de Yolanda, Zeus, y su madre, Blanca, tenían una relación envidiable. Mantener el amor intacto después de treinta años era algo difícil de ver hoy en día.

Por eso, Zeus había pensado en reunir a la familia para una cena tranquila.

Al escuchar esto, Eva exclamó de inmediato:

—¡Hagan una fiesta! ¡Una a lo grande!

—¿Eh? ¿A lo grande? —preguntó Yolanda.

Eva asintió vigorosamente:

—Claro. Si solo es una cena familiar, Mirta puede usar el trabajo como excusa para no ir. Pero si organizan un evento masivo e invitan a mucha gente, ella, como heredera de la familia Sandoval, tendrá que asistir por pura imagen y reputación. Así será mucho más fácil actuar.

Yolanda pensó que la idea de Eva no era mala, pero…

—Pero mis papás… ellos…

Sus padres siempre habían sido discretos. Normalmente, ni siquiera querían fiestas para sus cumpleaños.

—¡Son treinta años de casados! ¡Es un hito importante! Insísteles un poco. Una celebración así se vive solo una vez, seguro los convences.

Almendra se aburría estando encerrada en el hotel, así que por la tarde fueron todos a la orilla del mar a tomar el aire.

Fabián asumió personalmente el papel de chef y se puso a asar carne para el grupo.

Eva nunca se imaginó que vería al mismísimo Fabián Ortega convertido en parrillero solo por Almendra.

«¡Madre mía!», pensó. «Esto sí que es un honor. Tengo anécdota para presumir un buen rato».

Almendra se recostó en la silla, de cara al mar, escuchando el sonido de las olas. Sintió que aquellos días parecían bastante tranquilos.

Ya ni recordaba cuánto tiempo hacía que no se relajaba de esa manera.

Ahora que no podía ver, mucho de su trabajo lo había delegado o pospuesto, convirtiéndose en una persona ociosa.

—Prueba esta alita de pollo.

La voz de Fabián sonó cerca de su oído y, acto seguido, le acercó a los labios una alita crujiente por fuera y tierna por dentro.

Ella abrió la boca, le dio un mordisco y dijo:

—Está rica.

La verdad era que Almendra nunca había sido exigente con la comida.

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