Él le sostuvo el rostro entre las manos y le besó las mejillas con suavidad.
—Te voy a dar la boda más grandiosa, haré que toda La Concordia se entere…
Bajó la voz de pronto, con una ternura casi devota:
—Por fin llegó mi novia.
***
Al día siguiente, Fabián y Almendra volaron de regreso a La Concordia.
Para evitar accidentes y proteger al pequeño y frágil Musgo Esmeralda, acordaron no decirle a nadie que lo habían encontrado por el momento.
Después de todo, Almendra y Fabián tenían demasiados enemigos, tanto visibles como ocultos.
Ahora que Almendra no podía ver, no sabían cuántos se estarían riendo a sus espaldas.
Si se enteraban de que Fabián ya tenía el Musgo Esmeralda, seguro intentarían destruirlo.
Así que lo más seguro era guardar silencio.
—Fabián, Alme, ¿encontraron…? —Frida y Simón los miraron con esperanza.
Fabián puso cara de derrota y negó levemente con la cabeza.
—No. Seguiré buscando. Aunque tenga que voltear el mundo al revés, encontraré una planta para curar los ojos de Alme y que vuelva a ver la luz.
Aunque Almendra no podía ver la expresión de Fabián, al escuchar ese tono ronco y abatido pensó que el hombre tenía talento para la actuación.
La decepción se pintó al instante en los rostros de Frida y Simón; no supieron qué decir.
Betina estaba en casa en ese momento.
Al escuchar a Fabián, por dentro se moría de la risa.
«¿No la encontraron?»
«¡Qué bueno!»
«Que se quede ciega para siempre, no tiene nada de malo».
Una ciega que no ve nada, ¿qué puede hacer?
No sirve para nada, ¡es una inútil!
La familia Ortega jamás aceptaría a una ciega como la señora de la casa.

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