Fabián la miró de reojo y dijo con frialdad:
—Con la capacidad de Alme, da igual si está en la universidad o no.
»Incluso si nos casamos, la apoyaré en cualquier cosa que quiera hacer.
Almendra no era una chica común.
En el futuro, cuando recuperara la vista, seguramente estaría más ocupada que él.
Pero hiciera lo que hiciera, él la apoyaría.
Betina se quedó callada, tragándose sus palabras.
Apretó los puños con fuerza.
«¡Pero si es una ciega! ¡No vale nada!»
Betina tenía ganas de gritarle eso en la cara.
Frida y Simón seguían con cara de indecisión.
La noticia de la boda era demasiado repentina; les costaba asimilarla.
Si Fabián hubiera dicho que harían una fiesta de compromiso formal primero, podrían haberlo digerido mejor.
Pero casarse de una vez… eso…
—Alme, ¿tú qué piensas?
Al final, Frida le preguntó a Almendra.
La opinión de ellos no importaba, lo importante era lo que Alme quisiera.
Almendra sonrió.
Aunque no podía ver, giró la cabeza con precisión hacia la voz de Frida y dijo:
—No nos casaremos tan rápido, solo se los estamos comentando.
»Tal vez sea en medio año, o quizá un año.
»Les decimos ahora para que se vayan haciendo a la idea.
»Nosotros también necesitamos tiempo para prepararnos.
Hasta que no terminara el asunto de los clones, ella y Fabián no podían casarse.
Pero el plan era que, en máximo un año, habrían eliminado todas las amenazas.
Al escuchar esto, Frida y Simón intercambiaron miradas y sus hombros tensos se relajaron un poco.
Frida se llevó la mano al pecho y suspiró:

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