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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 180

No era que fuera cruel o que no le importaran las relaciones pasadas. Ninguna gran empresa mantendría a gente inútil.

Al contrario, las empresas más prestigiosas eran extremadamente exigentes tanto en la contratación de nuevo personal como en el desempeño de sus empleados actuales.

La respuesta de Almendra cambió por completo la percepción que Dolores tenía de ella.

Resulta que la había juzgado mal.

Aunque Almendra era joven, su capacidad era extraordinaria. Ahora entendía por qué el presidente había puesto a una chica tan joven al mando.

Porque tenía la habilidad y, sobre todo, una audacia que otros no poseían.

—Señorita Almendra, daré lo mejor de mí en el concurso —dijo Dolores, mirándola con sincera admiración.

Almendra asintió.

—Le deseo éxito.

***

De vuelta en su oficina, Almendra por fin tuvo tiempo de mirar su celular.

Durante la capacitación en el departamento de diseño, no había dejado de vibrar.

Tenía llamadas de Fabián, de sus padres, de Eva, de Baltasar y de varios números desconocidos.

Primero, leyó los mensajes de sus padres.

Frida: [Mi niña, no trabajes demasiado. Si tienes sueño, descansa. Cuídate mucho.]

Simón: [Hija, tu salud es lo más importante. No te olvides de comer y descansar.]

Sonrió y respondió a ambos: [De acuerdo.]

Fabián le había hecho una videollamada. Lo pensó y le escribió: [Estaba en una reunión.]

Eva: [Captura de pantalla] [¡No manches, Alme! ¡Nos vamos a hacer ricas! ¡Alguien ofrece diez mil millones para que aparezcas!]

Almendra miró la captura. El mensaje estaba en la web oscura. El perfil era nuevo, con el alias “666”.

Ella: …

Mientras pensaba en ello, Baltasar la llamó.

Contestó.

—Jefa, su padre adoptivo vino a la empresa por lo de la cancelación del contrato. Casi se me arrodilla. No lo dejé —dijo Baltasar, con voz de fastidio.

Acababa de volver con su familia, no quería buscarse problemas.

Eva, al oír la negativa rotunda de Almendra, casi se desmaya del disgusto.

—Amiga, son diez mil millones por curar a una persona, ¡es un buen negocio! Anda, acéptalo. ¿O es que no confías en tu talento? ¿Tienes miedo de que se te muera el paciente y arruinar tu reputación como El Santo? —Eva empezó a provocarla.

Almendra hizo una pausa.

—Primero, averigua quién es. Cuando lo sepas, lo consideraré.

—¡Ay, pues pregunto y ya! —dijo Eva.

—Si preguntas, entonces tú cúralo.

¿Preguntar?

Preguntar era revelar su identidad.

Vaya idea.

Eva se rio.

—Está bien, yo averiguo primero y te llamo con el dato.

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