—Sí, así quedamos —dijo Almendra, preparándose para colgar.
Eva la detuvo a toda prisa.
—¡Oye, espera! El júnior de los Ortega, el bueno para nada, te sigue buscando para echar arrancones. Su insistencia ya hasta me conmueve. ¿De verdad no le vas a hacer ni tantito caso?
—No tengo tiempo —soltó Almendra, tajante.
—Bueno, pues. Ya estás, amiga.
***
Mientras tanto, en la sede de CASA ALMA.
Rodrigo Farías esperaba con una ansiedad palpable a que Baltasar terminara su llamada. En cuanto colgó, se acercó a él con una sonrisa servil.
—Señor Baltasar, díganos en qué falló Grupo Farías, por favor. Lo que sea, lo podemos corregir, pero el contrato…
—Lo siento. A partir de hoy, no volveremos a colaborar con Grupo Farías. Mauro, acompaña al señor a la salida.
La actitud de Baltasar era gélida. Sin más, llamó a su asistente para que escoltara a Rodrigo.
Pero Rodrigo no estaba dispuesto a irse. Poco le faltó para que se le salieran las lágrimas de la desesperación.
—¡Señor Baltasar, por favor! ¡Señor Baltasar! ¡Si su empresa ya no va a trabajar con nosotros, al menos dénos una razón!
No había pegado el ojo en toda la noche por este asunto. CASA ALMA era el cliente más grande de Grupo Farías, el que les daba prestigio. Sin su respaldo, el futuro del grupo se iría en picada y no tardarían en ser devorados por la competencia.
No quería ni imaginar las consecuencias.
—¿Una razón? ¿A poco no sabe por qué? —lo encaró Baltasar.
Antes, Baltasar sentía un gran respeto por Rodrigo. A pesar de cómo trataban al jefe, era su padre biológico y no se atrevía a faltarle al respeto.
Pero las cosas habían cambiado.
Habían destrozado el corazón del jefe y lo habían corrido de su casa.
Baltasar negó con la cabeza.
—No es cuestión de precio. Simplemente, ya no necesitamos colaborar con ustedes. Director Farías, por favor, retírese.
Viendo que Baltasar se daba la vuelta para irse, Rodrigo, desesperado, rompió en llanto.
—¡Señor Baltasar! ¡Señor Baltasar, si quiere me arrodillo! ¡Haré lo que sea con tal de que siga trabajando con nosotros!
Cuando sus rodillas estaban a punto de tocar el suelo, Baltasar le hizo una seña a Mauro.
—Acompaña al director Farías a la salida.
Mauro se adelantó, sujetó a Rodrigo del brazo y prácticamente lo arrastró hacia el elevador mientras él seguía gritando y lamentándose, para deleite de todos en la oficina.
Hacía tiempo que no entendían por qué la empresa insistía en trabajar con Grupo Farías. Su calidad no era nada del otro mundo y las telas que ofrecían eran bastante comunes, pero aun así les compraban a precios altísimos. A veces pensaban que al señor Baltasar y a la máxima autoridad, la maestra Alma, les faltaba un tornillo.
Pero ahora, respiraban tranquilos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada