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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 197

Almendra, al ver cómo Betina, una vez descubierta, volvía a su papel de víctima llorosa frente a sus padres, decidió que ya había tenido suficiente.

Era una llorona profesional. Cualquier cosa era excusa para soltar las lágrimas.

Pobre abuelo, pensó. La nieta que tanto adoraba casi lo manda al otro mundo dos veces.

—Papá, mamá, ya que todo está aclarado, voy a buscar al doctor Tobías.

Dicho esto, y sin dedicarle una segunda mirada a Betina y su melodrama, se dio la vuelta y se fue.

No soportaba verla fingir. La decisión de si merecía un castigo o no, se la dejaba a sus padres y al propio abuelo.

Cuando Almendra finalmente se fue, Betina sintió que el nudo en su pecho se aflojaba. Lloró con aún más desconsuelo.

—Papá, mamá, es mi culpa. No hago nada bien. Péguenme, regáñenme, lo que sea para que se desahoguen.

Y con eso, intentó arrodillarse de nuevo.

Simón la detuvo al instante.

—Betina, ¿qué haces? Ni tu mamá ni yo te estamos culpando. Le trajiste el desayuno al abuelo por ser considerada. Fue un accidente, no lo hiciste a propósito. Si hay un culpable, soy yo, por no haberme levantado más temprano.

Frida también se sentía culpable.

—Es verdad, Betina. No es tu culpa. Fue nuestra por quedarnos dormidos.

—Es que sé que anoche se cansaron mucho y no quise despertarlos. No imaginé que… buuu… —sollozó Betina.

—Bueno, ya, ya pasó. Lo importante es que tu abuelo está bien. Ahora todos seremos más cuidadosos para que no vuelva a ocurrir, ¿de acuerdo?

—Sí, lo prometo. Papá, mamá, gracias por no culparme.

Betina era la niña que habían criado durante dieciocho años, su tesoro. Al verla llorar de esa forma, tan arrepentida y sensata, sus corazones se ablandaron.

—Tontita, sabemos que no fue intencional.

Al escuchar eso, una sonrisa se dibujó por fin en los labios de Betina.

Al parecer, sus padres todavía la querían.

Almendra, con su insistencia, solo quería que la castigaran. ¡Qué malvada!

—Sí —respondió Almendra, sin preguntar nada.

Pero Tobías se adelantó a explicar.

—Era el señor Gilberto, llamando para preguntar por el estado del señor Yago. Él era quien se encargaba de su salud antes.

Almendra entendió.

Así que era su tercer hermano, Gilberto.

Tobías recordaba que antes Almendra no tenía relación con los Reyes, de hecho, ni siquiera se llamaba así. Le sorprendió mucho verla convertida en la señorita de la familia, pero era un asunto personal de su maestra y no se atrevía a preguntar.

—¿Dijo cuándo volverá?

—Está muy preocupado por la salud del señor Yago. Piensa venir en estos días. No le mencioné nada sobre usted.

Sabía que Almendra era muy reservada y no le gustaba que se hablara de sus asuntos. Si ella quería que alguien supiera algo, lo diría ella misma.

—Bien. Tráeme el expediente de Braulio para revisarlo.

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