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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 200

Al terminar la llamada, Valeria se llevó una mano al pecho. Su corazón latía con fuerza, y una repentina angustia la invadió.

Debería estar feliz porque su hijo tenía una oportunidad, pero la actitud de Susana le impedía sentir alegría.

Al fin y al cabo, era su hija, la que tanto había buscado. Esperaba que fuera un poco más comprensiva, que entendiera la desesperación de sus padres.

Si tenían que obligarla a entrar al quirófano, la situación se volvería muy desagradable.

***

Susana se había encerrado en su cuarto. Lloró hasta que se le hincharon los ojos. Se miró en el espejo: su rostro aún estaba amoratado. Se sintió ridícula.

¿Amor de familia? ¡Puras mentiras!

¡Solo querían su riñón para salvar a su hijo!

No entendía qué había hecho mal para que el destino la tratara así.

Vivió dieciocho años con los Borrero, con un padre adoptivo ludópata que no le dio un solo día de paz. Ulises era un hombre violento, que la golpeaba o la insultaba por cualquier cosa.

De niña, a veces no tenía ni qué comer. Cuando creció y empezó a ganar su propio dinero, tuvo que mantenerle sus vicios: la bebida, el juego, las mujeres.

Y un día, le dijeron que era la hija del hombre más rico de Atlamaya. Nadie podía imaginar lo que sintió en ese momento. Creyó que estaba soñando, que las fantasías que tenía cada noche se habían hecho realidad.

Ya no era la pobretona de un rancho olvidado. ¡Era la hija de un millonario!

Por fin podía escapar de los Borrero, de ese lugar miserable, y regresar a la opulencia de la familia Farías. Cambiar sus harapos por ropa de marca, bolsos, maquillaje, carros de lujo, una mansión… incluso tenía un prometido de una familia igual de poderosa.

Todo parecía un sueño.

Pero justo cuando estaba disfrutando de esa fantasía, Almendra se la arrebató.

Le reveló que todo era un engaño.

—¿Susana? ¿Susana?

Susana la miró fijamente y repitió:

—Tengo una condición.

Valeria apretó los dientes discretamente y, forzando una sonrisa, dijo:

—Susana, no te preocupes. Si aceptas, tu papá y yo te compensaremos con creces.

—Quiero la mitad de los bienes de la familia Farías.

Susana ya no estaba para promesas vacías. Si querían su riñón, tendrían que darle la mitad de su fortuna. De lo contrario, no firmaría ningún consentimiento.

El rostro de Valeria se congeló.

—Yo le doy un riñón para que viva —continuó Susana—. Él me da la mitad de la fortuna de la familia Farías. Es un trato justo, ¿no creen?

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