Hace unos días, había salido en defensa de la "doctora Alma" y le había enviado una lluvia de regalos, lo que desató rumores de que al señor Fabián le gustaba ella.
A él le encantaban esos rumores.
Almendra lo pensó.
—Cuando tenga un momento libre.
Hacía transmisiones cuando podía. Si estaba ocupada, no las hacía, pero intentaba no desaparecer por mucho tiempo, o Valentina se volvería loca.
—De acuerdo. Te esperaré.
—Bien.
—¿Ya comiste?
—Todavía no.
Fabián frunció el ceño.
—¿Sigues trabajando? ¡Mira qué hora es!
—¿Tú ya comiste? —le devolvió la pregunta Almendra.
Fabián sonrió, descarado.
—Pienso tanto en ti que se me quita el hambre.
Almendra nunca habría imaginado que el famoso Fabián, conocido por ser implacable y frío, fuera tan bueno para los cumplidos.
Al no recibir respuesta, Fabián pensó que la había asustado. Carraspeó.
—¿Qué te parece si comemos juntos?
—No es necesario. Estoy en el hospital con mis padres.
Fabián entendió.
—¿Cómo sigue el señor Yago?
—Mejor, no te preocupes —respondió Almendra, sin mencionarle que Betina lo había mandado al quirófano de nuevo ese día.
—Me alegro. Bueno, no te quito más el tiempo. Ve a comer. Hablamos en la noche.
—Claro.
***
—Pero… es que Susana… parece que no quiere —Valeria le contó todo lo que había pasado.
Rodrigo estalló de furia.
—¡Dile que tiene que donar ese riñón! ¡Si no lo hace, ¿qué, va a dejar que Braulio se muera?!
Rodrigo pensaba que Susana era una chica sensata, pero ahora que la necesitaban, se estaba echando para atrás. ¡Eso no podía ser!
—Ya le dije todo lo que pude, pero no parece convencida. Supongo que fue muy repentino. ¡Todo es culpa de esa maldita de Almendra!
—¿De qué sirve maldecir a Almendra ahora? Tú encárgate de arreglar todo con el hospital. Yo hablaré con mi madre para que le diga a El Santo que vaya de inmediato. Voy para la casa.
—Sí, está bien.
Al colgar, Valeria llamó de inmediato a Tobías.
—Doctor Tobías, ya encontramos un donante compatible. Es mi hija biológica. Además, ya contactamos a El Santo. ¿Pueden operar a mi hijo ya mismo?
Tobías se sorprendió. Así que la maestra ya había accedido a operar a Braulio.
—De acuerdo. Empezaremos los preparativos prequirúrgicos ahora mismo. Y, a partir de este momento, es mejor que la donante no coma nada.
—Entendido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada