Como estaban justo frente a la entrada principal de la residencia Reyes, la cámara los captó perfectamente, y tanto la imagen como el sonido eran muy claros.
Era cierto que Betina no había dicho directamente que ella era la hija adoptiva. Sin embargo, cuando Néstor y Olga especularon al respecto, Betina no lo negó. Al contrario, por sus gestos y expresiones, parecía que les habían atinado.
Eso fue lo que llevó a Olga y Néstor a creer erróneamente que era la hija adoptiva de la familia Reyes.
Por lo tanto, si se presentara el video como prueba, y Betina lo negara, ni siquiera la policía podría hacer mucho. Después de todo, las palabras «hija adoptiva» nunca salieron de su boca.
—La policía se encargará de aclarar la verdad —dijo Almendra, dejando los cubiertos y mirando a Simón y Frida—. Ya terminé de comer. Sigan ustedes.
Si Olga y Néstor insistían en que fue Betina quien los engañó, entonces ya vería cómo Betina se las arreglaba para demostrar su inocencia ante la policía.
Las palabras de Almendra inquietaron a Betina.
Pero luego pensó: «Soy la hija del hombre más rico. Con el apoyo de mis padres y mi abuelo, mientras yo insista en que no tengo nada que ver, ¡la policía no podrá hacerme nada! ¡Almendra no va a intimidarme!»
***
Poco después, Enrique llamó a Frida para decirle que la esperaba en la entrada del hospital con una camioneta llena de regalos.
Justo en ese momento, Fabián también llamó a Almendra para decirle que ya había llegado.
Almendra estaba a punto de decirle que bajaría, pero Fabián, sonriendo, le dijo: —Estoy en el elevador. Subo en un momento.
Almendra se quedó perpleja.
Al colgar, Frida, viendo a Almendra con una expresión de resignación, preguntó: —¿Qué pasó, Alme? ¿Fabián está atorado en el tráfico o qué?
—Ya está subiendo —respondió Almendra.
Al oír esto, Betina sintió una oleada de alegría. ¡No podía creer que vería a Fabián en unos instantes!
Solo ella sabía cuánto había pensado en él esos últimos días, hasta el punto de no poder dormir bien.
—¿Pasó... algo? —preguntó Fabián, notando que algo no andaba bien.
—Acaba de salir del quirófano no hace mucho. Está en cuidados intensivos —confesó Simón, sin más rodeos.
—¿Qué ocurrió? —Fabián frunció el ceño. Pensó que Yago ya era un hombre mayor. ¿Cómo era posible que en tan pocos días hubiera entrado a cirugía dos veces?
Frida no tuvo más remedio que contarle brevemente lo que había sucedido por la mañana, cuando Betina estaba ayudando al anciano a comer.
Fabián no supo qué decir.
Esa chica, Betina, había sido mimada toda su vida. Probablemente ni siquiera sabía cuidarse a sí misma, y la ponen a cuidar a un anciano recién operado. ¿Acaso estaban jugando?
Por un momento, Fabián sintió una profunda lástima por Yago. Había caído en las torpezas de Betina dos veces.
—¿Cuándo se espera que despierte?

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