Almendra sabía perfectamente cuáles eran las intenciones de Betina, así que la rechazó con una voz fría y tajante: —No es necesario.
Betina apretó los puños en secreto, pero insistió: —Hermana, acabas de regresar y no conoces bien La Concordia. Además, la casa de la familia Ortega está un poco lejos del hospital, y hay mucho tráfico en varias zonas. Yo sé por dónde ir para evitar el tráfico y tomar el camino más corto. ¿Me dejas ir contigo?
Al final de su frase, Betina añadió un toque de coquetería.
Almendra hizo una pausa y la miró.
Betina, pensando que su estrategia había funcionado, sonrió aún más dulcemente. —Anda, hermana, ¿sí?
—No. Fabián vendrá a recogerme en un rato.
Las palabras de Almendra cayeron sobre Betina como un rayo en un día despejado.
¿Qué?
¿Qué acababa de decir?
¿Fabián vendría a recogerla personalmente?
Fabián siempre estaba tan ocupado, ¿cómo iba a tener tiempo de venir por ella?
Betina se quedó tan sorprendida y dolida que no pudo articular palabra. En cambio, Simón y Frida mostraron una expresión de grata sorpresa.
—Alme, ¿Fabián dijo que vendría a recogerte en persona?
—Sí.
Simón intervino de inmediato: —Voy a hacer que preparen algunos regalos para que los lleves cuando vayas. Será un detalle de nuestra parte.
—No es necesario, no se molesten. Yo misma compraré algo en el camino —dijo Almendra.
—De ninguna manera. Ahora mismo le llamo a Enrique para que compre varios suplementos alimenticios y los traiga —dijo Frida, sacando su celular para llamar al chofer.


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