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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 228

—¡Buaaa! ¡Nosotras… de verdad necesitamos este trabajo!

No tenían una buena familia, ni contactos, y mucho menos una buena educación, pero eran trabajadoras, responsables y eficientes. Quedarse en la familia Reyes significaba buena comida, un buen lugar para vivir, un buen sueldo y amos amables. Aparte de la señorita Betina, que a veces era difícil de complacer, realmente no había nada de qué quejarse.

No querían irse de la casa de la familia Reyes.

Ante las súplicas de Vanessa y Carolina, Liliana no mostró ni una pizca de compasión, sino que adoptó una actitud arrogante.

—Si quieren culpar a alguien, culpen a Helena. ¡Se robó la comida y, por miedo a que la castigaran, las usó a ustedes como chivos expiatorios! ¡Idiotas!

—¡Liliana! ¿¡Qué tonterías estás diciendo!? Desde que Vanessa y Carolina entraron a la familia Reyes, yo he estado a cargo de ellas. Las cuido como si fueran mis propias hijas, ¿¡cómo podría hacerles daño!? —exclamó Helena, furiosa.

Sabía que desde que la señora le había asignado personalmente el cuidado de la señorita Almendra, Liliana la miraba con malos ojos y le ponía toda clase de trabas. No podía enfrentarla, pero podía aguantar.

Sin embargo, no esperaba que esta mañana, al sacar la bebida de maca y el agua de chía que la señorita Almendra le había dado la noche anterior, Liliana la viera y la acusara de robo.

Para los sirvientes, lo peor era ser acusados de robar comida cara o joyas del patrón. Si se confirmaba, ¡quedarían vetadas en la industria para siempre!

¡Liliana era realmente malvada!

—¡Ja! ¡Helena! Las pruebas son irrefutables, ¿y todavía te atreves a negarlo? ¿O necesitan que la señorita Betina baje personalmente a echarlas para que se larguen?

Helena temblaba de ira, mientras Vanessa y Carolina temblaban de miedo. Jamás imaginaron que un poco de agua de chía pudiera causar un desastre tan grande.

No querían irse, ¿qué podían hacer?

Liliana hablaba con un orgullo creciente. Quien no la conociera, pensaría que era la dueña de la casa o, mejor dicho, la madre biológica de Betina.

Almendra soltó una risa fría.

—¿Y eso qué? ¿Crees que por cuidar a Betina eres superior? Pues Helena también fue asignada por mi madre para cuidar de mí. ¿Cómo es que a tus ojos se convierte en una sirvienta de clase baja?

La mirada de Almendra era fría y penetrante, y de ella emanaba un aire de nobleza innata que dejó a Liliana casi sin aliento.

—No, no es eso, señorita Almendra. Lo que quiero decir es que ella robó…

—Fui yo quien le dijo que se bebiera el agua de chía y la maca, ¿tienes algún problema?

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